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Ingreso en la masonería

 

 

Satisfacción entre los lectores de Las Dominicales

Tras la aparición de carta que Rosario de Acuña dirigió a Ramón Chíes, que éste publicó en la portada del semanario con el título Valiosísima adhesión, fueron varios los números de Las Dominicales del Libre Pensamiento en los cuales  la firma de la nueva colaboradora figuró en lugar preferente; fueron varias las semanas en las que sus escritos llegaron puntualmente a los suscriptores… Ni que decir tiene que a los habituales lectores del semanario aquellos artículos no les debieron pasar inadvertidos: quien más,  quien menos,  tenía alguna referencia, por lejana que ésta fuera, de su nueva compañera; al fin y al cabo los lectores de éste o de cualquier otro periódico integraban el minoritario  grupo de la España letrada. Sea como fuere, lo cierto es que durante los primeros meses del año ochenta y cinco el semanario librepensador se puebla de cartas que, procedentes de distintos  rincones de España,  felicitan a la escritora por la decisión tomada,  al tiempo que muestran su satisfacción por tenerla a su lado, como correligionaria. Además de conocer los motivos que impulsan a cada cual a enviar su escrito al periódico, la lectura de estas cartas nos permite aproximarnos a la variedad de lectores con que cuenta el semanario y concluir que éstos componían un grupo ciertamente heterogéneo, pues en él encontramos desde quienes se identifican con un escueto «republicanos», hasta los que lo hacen como «racionalistas cristianos», pasando por los más numerosos que se limitan a definirse como «librepensadores»,   también hay algún que otro grupo espiritista, como  Luz de la Verdad  de Granada. En cualquier caso, las más abundantes son las enviadas por diferentes logias masónicas entre las que podemos citar las siguientes: Acacia, número 25 (Valencia); Alces (Alcázar de San Juan); Amigos de la Naturaleza y de la Humanidad (Gijón); o, Luz de Finisterre, número 4 (El Ferrol).

 

 

Hay quien demanda una mayor definición

Después de las felicitaciones y los halagos, hubo quien no se conformó con la declaración de intenciones que había realizado la nueva correligionaria en su ya famosa carta de adhesión, ni siquiera con lo expresado en «Ateos»,  un largo estudio que fue publicado a lo largo de ocho entregas aparecidas en febrero y marzo de 1885. Querían más; que la nueva librepensadora se decantara por alguna de las tendencias que se agrupaban en torno a Las Domincales. Tal es la intención de una carta firmada por Violeta (seudónimo utilizado por la periodista Consuelo Álvarez) que fue publicada en El Buen Sentido, revista espiritista con periodicidad mensual que se editaba en Lérida desde mediados de los setenta. El escrito, que estaba dirigido a Amalia Domingo Soler, resalta la trascendencia que para el futuro de la mujer española ha de suponer la llegada de la señora de Acuña a la causa del librepensamiento: Nuestro sexo, dice, te deberá el haber roto y pisoteado los hierros del vergonzoso fanatismo que nos sume en una ceguera eterna. La redención femenina se halla más cerca, dejarán las mujeres de ser siervas para convertirse en compañeras del hombre; ya no serán «reses llevadas al matadero de nuestra propia dignidad, por esos que se llaman pastores de nuestras almas y que no son sino mercaderes de nuestros sentimientos». Los parabienes con los que saludan éstas y otras mujeres el concurso de la nueva librepensadora parecen darle la razón en su planteamiento inicial: es preciso dirigirse a ellas sin pretender destruir sus creencias, firmemente arraigadas desde la niñez. Puesto que no pueden vivir sin fe, hay que hablarles desde la fe, desde las más profundas creencias en la Divina Providencia. La luz, al final, se abrirá paso entre las tinieblas.

No obstante, la indefinición inicial de Rosario de Acuña alimentará los intentos de unos y otros para conseguir que la pensadora termine alistándose bajo una bandera, profesando una doctrina o fundamentando una secta. Y es que, como señala Violeta en su carta, las creencias de la escritora no están nada claras fuera de esa adscripción al librepensamiento que ha hecho públicamente. «¿En qué consiste su fe? ¿Cuáles son aquellas creencias que por nada ni por nadie consentiría en perder?» La carta, aparecida en El Buen Sentido en el número correspondiente al mes de junio, tuvo una rápida contestación por parte de la interpelada, quien ese mismo mes envía su respuesta al director de la publicación ilerdense.Cuenta en ella la escritora que no es la primera vez que en los últimos meses le hacen llegar ese tipo de preguntas, de manera especial «desde las avanzadas espiritualistas», con la intención, según le dicen, de seguir el sendero que recorren sus pasos.   A pesar de la pena que le produce oír aquello («¡Ay del pensamiento que reclama para guía y mentor a una mujer oscura, humilde y desvalida!»), no duda en reafirmar su firme convicción librepensadora: «mi representación en las filas de los librepensadores está bien definida y es bien exacta». En cuanto a guías y líderes, ella tiene claro que si alguien debe ostentar el papel de liderazgo en las filas del librepensamiento, ellos son Chíes y Lozano, «que tan noblemente luchan por avanzar algo sobre los antiguos ideales de la sociedad, es donde deben fundar los amantes del progreso sus esperanzas y sus aspiraciones». Y de ahí no la sacan. Se resiste a colaborar en el debilitamiento de la familia librepensadora al que contribuye, en su opinión,   el empeño en hacer agrupaciones, escuelas o sectas que parece animar a unos y a otros. A quienes le llaman «materialista» les contesta lo mismo que a quienes le dicen «espiritualista»: «Librepensadora respetuosísima con el pensamiento ajeno».

No parece que estas explicaciones convenzan a sus interpelantes: Violeta afirma en una nueva carta que la insigne escritora rehúsa hacer público testimonio de su fe, «para no entorpecer con insulsa fantasmagoría, el gran movimiento revolucionario que palpita en nuestra generación».Tampoco se muestran conformes con la prioridad que la señora de Acuña pone en la destrucción de lo existente como paso previo para construir el porvenir venturoso: «Lo primero es quitar el último murallón hasta el último cascote, dejar el terreno limpio de escombros y de barro, y después se socava más hondo aún que el primitivo cimiento, para levantar la nueva fábrica». Así se lo hizo saber Amalia Domingo cuando le contestó que los espiritistas se resisten a arrancar unas creencias, cualesquiera que éstas sean, sin sustituirlas por otras. A pesar de esta diferencia de criterio, las relaciones entre ambas debieron ser fluidas, a tenor de las frecuentes apariciones de artículos de Rosario de Acuña en La Luz del Porvernir, publicación de la que era fundadora y directora Amalia.

 

 

Acercamiento a la masonería

Si la premeditada indefinición de la recién llegada a las filas del librepensamiento no satisface a quienes, como Violeta, quisieran verla al frente de un ejército de coligados y no como soldado suelto, uno más,  francotirador bienintencionado que lucha en un campo «donde todos pelean en legiones cerradas»; ni tampoco a los espiritistas a quienes asusta la estrategia demoledora de la que hace gala doña Rosario, pues ellos son partidarios de construir al tiempo que destruyen; no debió de desagradar, en cambio,  a los masones que durante este tiempo se pusieron en contacto con ella, tal y como podemos comprobar al leer la correspondencia mantenida entre algunas logias y la escritora.

De su lectura se puede deducir que existen puntos de coincidencia en, al menos, dos aspectos importantes: por un lado, la importancia que para la causa del librepensamiento supone ganarse el favor de las mujeres y, por otro, el carácter abierto y no sectario que debe animar a los librepensadores españoles, posibilitando que en sus filas puedan tener cabida todos cuantos aspiran a librar a la patria de la tiranía de la superstición y el fanatismo religioso. Esa sintonía se aprecia claramente en la carta que le envía la logia Luz de Finisterre de El Ferrol, en donde se define al librepensamiento en  términos muy queridos para la destinataria: no se trata de una doctrina sistemática –dicen– ni de una secta ni escuela; «no es tampoco la negación de la religión como propalan los modernos fariseos […] porque sabe que no es doctrina la religión sino sentimiento»; y en donde, también, se alaba con entusiasmo la aportación que para la causa del librepensamiento habrá de desarrollar tan ilustre escritora: «¿qué corazón femenino osará resistiros» (Carta de respuesta a la respetable logia masónica Luz de Finisterre nº 4, 12-2-1885). Agradece la escritora en carta de respuesta el apoyo que para ella supone la expresión de aquellos sentimientos tan coincidentes con los suyos, al tiempo que hace lo propio con los recibidos de la logia Constante Alona de Alicante.

 

Iniciación en la logia Constante Alona de Alicante

No sabemos, al menos yo lo desconozco, si continuó la correspondencia que había iniciado con los masones ferrolanos, pero sí que lo hizo con los alicantinos.  Gracias a las informaciones que en este sentido nos ha aportado Álvarez Lázaro (Masonería y librepensamiento en la España de la Restauración, 1985), estamos al corriente de la publicación a finales de febrero de 1885 de un extenso escrito en La Humanidad, órgano oficial de la logia que se publicaba con carácter decenal, firmado por Juana de Arco, nombre simbólico de la escritora Mercedes Vargas de Chambó,  en el cual ensalza la labor emprendida por Rosario de Acuña contra la ignorancia y la superstición de la mujer.  Conocemos también que a primeros de junio los responsables de la logia le envían a su residencia de Pinto una carta acompañada de algunos ejemplares de La Humanidad.  Sabemos que la carta de respuesta incide en el tema de la emancipación de la mujer, lo que parece indicar que ese asunto ocupó una parte importante de la misiva de la logia alicantina, y que les ofrece algún trabajo para el periódico. Todo apunta, pues, a que fuera la decidida defensa que había emprendido Rosario de Acuña en pos de la emancipación de la mujer lo que, a la postre,  condujo a que, unos meses después, tuviera lugar la ceremonia de iniciación en la masonería de la escritora en el seno de la Constante Alona.

Para un librepensador no resultaba sorprendente que diera tal paso. Antes al contrario, no son extraños los casos de quienes  llegan a identificar ambos conceptos. Incluso, entre los que no lo hacen así, muchos son los que comparten la necesidad de aunar esfuerzos, dada la unión de ideales entre la masonería y el librepensamiento, para hacer frente a la intransigencia de la Iglesia Católica. Por si esto no fuera suficiente, y para el caso que nos ocupa, no debemos olvidar que tanto Fernando Lozano como Ramón Chíes, así como otros colaboradores de Las Dominicales como Odón de Buen o García Vao, compartían su doble condición de librepensadores y masones. No es extraño, pues, el paso dado por Rosario de Acuña. El que se iniciara en la Constante Alona, y no en cualquier otra de las muchas que, es de suponer, estarían encantadas de que así fuera, se debe en mi opinión a varias razones. En primer lugar, al empeño que debió de poner Mercedes Vargas en incorporar a quien consideraba una brillante combatiente en la lucha por la regeneración de la mujer; en segundo, al hecho de que la logia defendiera posturas muy similares a las de Las Dominicales en cuanto  a la identificación entre librepensamiento y masonería; y por último, y, quizás más importante, al hecho de que la logia alicantina era una de las pocas que contaba por entonces con Cámara de Adopción, esto es, que permitía la iniciación de las mujeres en el rito masculino, admitiendo  su asistencia a los trabajos de la logia.

Rosario de Acuña llega a Alicante en la mañana del jueves 11 de febrero de 1886. La Unión Democrática informa al día siguiente que entre las numerosas personas que   habían acudido a esperarla a la estación del ferrocarril se encontraban, además de los representantes de la Sociedad dramática Echegaray  y de algunos destacados fusionistas alicantinos,  los comisionados de las logias Alona y Constante Alona, a los que habría que añadir, de acuerdo con  las informaciones facilitadas por Álvarez Lázaro, los de la también logia alicantina Numancia. La presencia de masones en el comité de recepción se justificaría, en principio, por el deseo de manifestar de forma pública y notoria su apoyo a la meritoria actividad que en defensa de la libertad y el progreso llevaba tiempo desarrollando la «ilustre propagandista del libre pensamiento», como así queda expresado en el comunicado que, en este sentido, hace público la logia Progreso nº 172 de San Vicente. Lo cierto es que en algún momento de la jornada siguiente, ocupada en recibir a las diversas comisiones que quieren testimoniarle su admiración y en asistir a diversos actos culturales, encuentra el hueco para firmar su solicitud de iniciación en la Constante Alona. El domingo día 14 cuando la escritora participa en la expedición a la vecina localidad de Elche que se había organizado en su honor, ya conoce que su solicitud, tramitada con excepcionalidad rapidez, ha recibido la preceptiva autorización del Delegado del Gran Oriente de España para que la logia proceda a la iniciación de forma inmediata «relevándola de las tramitaciones ordinarias por exigirlo así el bien de la Orden» y que la ceremonia se habrá de celebrar en la noche siguiente, la del lunes día 15. El miércoles, en el escenario del teatro Principal, Rosario de Acuña recita verso tras verso, con ademán distinguido, dominando la situación, convertida ya en Hipatia,como bien sabe Rafael Sevilla, director de La Unión Democrática que así lo hace saber en la crónica que publica su periódico el día 19: «…la defensora acérrima de las libertades patrias, la Hypatia española, ha conquistado el laurel de la inmortalidad en lo mejor de su vida…».

 


En relación con este tema se recomienda la lectura del siguiente comentario:


55. ¿Cuánto de masona?

Grabado con símbolos masónicos incluido en la cabecera de la revista El Simbolismo, 20-8-1888
En torno a la participación de Rosario de Acuña en la masonería: ni existe constancia de fuera muy activa —más allá de un corto periodo de su vida—, ni su pluma fue pródiga en escritos relacionados con la Masonería. ¿Qué pasó con las mujeres masonas...

 

 



 

Imagen de la portada del libro

 

¿Quién fue Rosario de Acuña?

 

 

 

 

Rosario de Acuña. Comentarios

Algunas notas acerca de la vida de esta ilustre librepensadora

 


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