Rosario de Acuña y Villanueva

Madrid, 1850 - Gijón, 1923

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Sonetos

 

  Rosario de Acuña fue poeta que gustó de la prueba y el ensayo en asunto de métrica y estrofas. Pero quizás fuera el soneto –bien sea en su modalidad clásica o en la denominada sonetillo, esto es, con versos de ocho o menos sílabas– la composición que más utilizó, en la que más destreza alcanzó y con la que más a gusto se sentía,  hasta el punto de  que fueron sonetos los que utilizó para despedir y homenajear tanto a su padre, como a su madre. He aquí una muestra de su pericia a la hora de hilvanar los catorce versos:

 

1874 A la muerte Ecos del alma
1874 Mi canto Ecos del alma

1874

A la señora doña L.G. Ecos del alma
1875 Los celos La Mesa Revuelta, Madrid, 30-8-1875
1875 A una flor Ecos del alma
1876 [¡Oh!, libertad,...] (Sin título) La Época, Madrid, 20-2-1876
1876 La eternidad Ecos del alma
1876 El dolor Ecos del alma
1876 Casualidad Revista Contemporánea, Madrid, ago/sep 1876
1876 Europa Revista Contemporánea, oct/nov 1876
1876 Al siglo XIX (Naciste ante la luz...) Revista Contemporánea, oct/nov 1876
1877 La fraternidad Revista Contemporánea, ene/feb 1877
1879 A Tamberlick Crónica de la Música, Madrid, 14-8-1879
1880 [!Igualdad!] (Sin título) Asta Regia, Jerez de la Frontera, 16-4-1883
1881 A Echegaray La Iberia, Madrid, 6-4-1881
1881 A Calderón La Ilustración Española y Americana, Madrid, 22-5-1881
1883 [Piedra que serás polvo deleznable]   (A su padre) El Liberal, Madrid, 5-3-1883
1884 En la escalera de mi casa El Imparcial, Madrid, 21-4-1884
1884 Lo objetivo La Ilustración de la Mujer, Barcelona, 8-6-1884
1885 El fin de un año Las Dominicales del Libre Pensamiento, Madrid, 18-1-1885
1885 La ignorancia Las Dominicales del Libre Pensamiento, 8-2-1885
1885 [Naturaleza. ¡Oh madre, reina y diosa] (Sin título) Los Dos Mundos, Madrid, 18-3-1885
1885 A la memoria de Víctor Hugo Las Dominicales del Libre Pensamiento, 28-5-1885
1885 Grandeza y poder Heraldo de Murcia, Murcia, 24-1-1899
1886 A la memoria de la señorita doña Manuela Gómez Sevilla… La Unión Democrática, Alicante, 27-2-1886
1887 A Leopoldo Cano La Unión Democrática, Alicante, 22-2-1887
1888 Los apóstatas del pueblo Las Dominicales del Libre Pensamiento, 13-5-1888
1888 El ruiseñor Las Dominicales del Libre Pensamiento, 13-5-1888
1888 Los envidiosillos Las Dominicales del Libre Pensamiento, 13-5-1888
1888 Mayo de 1888 Las Dominicales del Libre Pensamiento, 13-5-1888
1888 El nido rico y el pobre Las Dominicales del Libre Pensamiento, 13-5-1888
1888 La conciencia Las Dominicales del Libre Pensamiento, 13-5-1888
1891 [Al general Villacampa] La Época, Madrid, 29-9-1891
1894 La beata La Dinamita, Béjar,  19-7-1903
1896 Un sueño de Satanás El Mortero, Madrid, nº 71, enero 1896
1896 El beato La Justicia, Madrid, 6-1-1896
1899 La calumnia El Papa-Moscas, Burgos, 4-6-1899
1899 La primavera Heraldo de Murcia, 4-8-1899
1899 El verano Heraldo de Murcia, 4-8-1899
1899 El otoño Heraldo de Murcia, 4-8-1899
1899 El invierno Heraldo de Murcia, 4-8-1899
1900 Al siglo XIX (Huye siglo a esconderte...) Heraldo de París,  4-11-1900
1900 España a fines de siglo Heraldo de París,  8-12-1900
1901 Las cumbres El Cantábrico, Santander, 6-11-1901
1902 Los seudo-sabios El Cantábrico, 23-1-1902
1906 Triste destino Heraldo de Gerona, 27-9-1906
1907 A mi madre El Motín, 12-5-1923
1908 La muerte Paz de Borbón y otras: Antología, 1929
1908 El arroyuelo Asturias, La Habana, 29-4-1917
1909 ¡Por saturación...! Acción socialista, Madrid, 31-10-1915
1909 Melancolía El Publicador, Gijón,26-9-1909
1909 A los 60 años El Noroeste, Gijón, 26-9-1909
1911 A la memoria de mi perro Tom Calendario para 1911. Madrid: R. Velasco Impresor,1911
1917 Las brisas Asturias, La Habana, 1-4-1917
1917 Al sol Asturias, La Habana, 6-5-1917
1918 El símbolo de las Galias Los Aliados, Madrid, 16-11-1918
1918 A los legionarios españoles en la guerra europea Los Aliados, 30-11-1918
1919 A Gijón El Noroeste, 15-5-1924

1919

A Nakens El Motín, 9-9-1919
1920 Sombra y luz El Noroeste, 1-7-1923
1922 Mi última confesión El Motín, 30-6-1923
  El lirio silvestre El Noroeste, 15-8-1924
  A la ciencia Lamo, Regina: Rosario de Acuña en la escuela
  Gusanos Lamo, Regina: Rosario de Acuña en la escuela
  Mis golondrinas Lamo, Regina: Rosario de Acuña en la escuela
  Madre Lamo, Regina: Rosario de Acuña en la escuela
  La solidaridad humana La Lucha, Orense, 3-10-1931
  La visión de la anarquía CNT, 8-8-1936
  ¡Asturias! El Comercio, Gijón, 9-3-1969

 

 


Nota. En relación con este tema se recomienda la lectura de los siguientes comentarios:



Caricatura publicada en El Motín, 7-8-1881 117. Tres sonetos para un siglo

Nació cuando el siglo XIX cumplía la mitad de su andadura. Transitó, ávida de conocimiento, por la senda que, año a año, dibujaba ante sus pies. Cosechó sonoro triunfo al llegar al tercer cuarto, cuando crítica y
público...
 



Fragmento de uno de los sonetos que Rosario de Acuña regaló al doctor Albitos 29. Manuscritos a precio de oro

Cierto día, de esto hace ya varios años, cuando paseaba por la Red en busca de alguna pista que iluminara mi investigación, me encontré de pronto con la noticia de que se subastaban unos manuscritos inéditos de Rosario de Acuña. Lo podéis
imaginar...

 

 


 

 

A la muerte

 

   Cuando el dolor al corazón maltrata

y el alma triste en su amargura espira,

tan solo en ti la salvación se mira

y la esperanza nuestro ser dilata.

 

   Tu sueño, el nudo del pesar desata

del infeliz que sin la fe suspira,

y su existencia que sin rumbo gira

tu duro fallo con placer acata.

 

   No quiero del martirio la corona;

acude presurosa a la llamada

que mi alma lastimada entona.

 

   Estoy de sufrimientos ya cansada

y quiero adormecerme en esa zona

que tienen los mortales olvidada.

 

1874

 

Incluido en Ecos del alma (1876) pág. 11


Nota.- La Correspondencia de España da cuenta de la publicación de este soneto  en su edición de 23 de julio de 1874

 

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Mi canto

 

   Errante nota que se lleva el viento,

grito del alma que sin eco espira,

ave sin nido que en el cielo gira,

flor sin aroma que en el pecho siento:

 

   sonido triste, cadencioso y lento,

es el acorde de mi pobre lira;

ella del alma en el dolor se inspira

y de ella brota quejumbroso acento:

 

   este es mi canto, tu belleza miro

y siento enmudecer mi poesía

oyendo al murmurar de mi suspiro,

 

   que eres hermosa cual la luz del día

al brillar en su alcázar de zafiro…

y este es el eco que mi voz te envía.

 

Madrid, marzo de 1874

 

 

Incluido en Ecos del alma (1876) pág. 157

 

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A la señora doña L.G

 

   Tiene la rosa hermosura,

tiene el clavel gentileza,

tiene el tulipán belleza

y el jazmín tiene blancura.

 

   Tiene el cisne donosura,

y la gacela nobleza,

y las auras sutiliza

cuando besan la llanura.

 

   Chispas de limpio diamante

muestra la noche en su manto;

su aurora tiene levante

 

   que luce cual amaranto…

Pero eres tú más radiante

y yo por eso te canto.

 

Madrid, marzo 1874

 

Incluido en Ecos del alma (1876) pág. 45

 


Nota. Como el lector habrá, sin duda, notado, se trata de un sonetillo, pues está compuesto con versos de arte menor.

 

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Los celos

 

   Mirar el alma henchida en el desprecio

hacia el ser que en el alma va grabado;

suponerle después un desgraciado

digno de compasión, sino de aprecio;

 

   imaginar que es débil, sabio o necio;

sentir el pensamiento extraviado

al verle de nosotros alejado,

la fe del corazón poniendo a precio;

 

   no encontrar el descanso para nada

y hasta en sueño soñar con amargura,

arrastrar la existencia desgarrada

 

   entre sombras de horrible desventura;

y no teniendo un alma levantada

los celos son la muerte, o la locura.

 

La Mesa Revuelta, Madrid, 30-8-1875

                Incluido en Ecos del alma (1876) pág. 208

 

 

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A una flor

 

   Fingiendo el rostro amores y contento,

llevando la tristeza de aliada,

la mirada de mis ojos apagada,

y ahogando mi dolor  con el aliento,

 

   yo me hallaba buscándote entre ciento

en el claro brillar de una alborada,

cuando sentí fijarse la mirada,

y saludé tus hojas con mi acento.

 

   Flor hermosa, que en verdes bastidores

a los rayos del sol casta reía

como ríen los dulces ruiseñores,

 

   derramando a torrentes su armonía;

tú despertaste el alma a los amores

de la santa inocencia en que dormía.

 

Baeza, 2 marzo  de 1875

 

                           Incluido en Ecos del alma (1876) pág. 75

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[¡Oh!, libertad,...]

 

   ¡Oh!, libertad, fantasma de la vida,

astro de amor a la ambición humana

el hombre en su delirio te engalana,

pero nunca te encuentra agradecida.

 

   Despierta alguna vez, siempre dormida

cruzas la tierra, como sombra vana;

se te busca en el hoy para el mañana,

viene el mañana y se te ve perdida.

 

   Cámbiase el niño en el mancebo fuerte

y piensa que te ve ¡triste quimera!

Con la esperanza de llegar a verte

 

   ruedan los años sobre la ancha esfera

y en el último trance de la muerte,

aun nos dice tu voz, ¡espera, espera!

          

Rienzi el Tribuno, Epílogo, Escena II

La Ilustración Española y Americana, Madrid, 15-2-1876

La Época, Madrid, 20-2-1876

La Mesa Revuelta, Madrid, 20-2-1876

El Folletín, Málaga, 20-2-1876

                         El Porvenir de León, León, 24-2-1877

La Crónica Meridional, Almería, 20-10-1877

Las Dominicales del Libre Pensamiento, Madrid, 1-3-1885

La España Moderna, Madrid, septiembre 1889

Don Quijote, Madrid, 9-6-1900

La Libertad, Madrid, 5-5-1926

 

 

 

Arriba

 

La eternidad

 

   Cuando resbala doloroso aliento

de nuestro corazón entumecido

y se torna la voz en un quejido

eco triste de horrible sufrimiento,

 

   levantando su vuelo el pensamiento,

así percibe el eco de un sonido

 que, de esperanza sacrosanta henchido,

desciende del crespón del firmamento.

 

   «¡Mírala allí brillar!», dícele el alma

señalando la azul inmensidad:

«Para lograr tu inmarcesible palma

 

   Solo debieras ver la eternidad:

allí la vida se desliza en calma,

que el imperio es aquel de la verdad»

 

                      Incluido en Ecos del alma (1876) pág. 111

Arriba

 

El dolor

 

   Nunca es dolor el que a la muerte inclina

a impulsos de su rápida corriente,

ni es dolor el que marca nuestra frente,

con surco que imborrable la domina.

 

   Ese dolor que cual punzante espina

arranca de los ojos llanto ardiente,

es un dolor que haciéndose vehemente,

con su misma vehemencia se asesina.

 

   Pero el dolor que brota violento

alzándole la risa fuerte valla;

el dolor que atraviesa el pensamiento,

 

   y solo, oculto, entre la sombra calla,

este es el gran dolor que en paso lento

tritura el corazón que al fin estalla.

 

                     Incluido en Ecos del alma (1876) pág. 85

Arriba

 

Casualidad

 

   Soñé, y en la dormida inteligencia

vi al humano, con ansia desmedida,

buscando los principios de la vida

y dudando a la vez de su existencia;

 

   Vi al ocio revestido de prudencia,

vi la igualdad tornarse fraticida,

vi la diosa Razón entumecida

y en el caos a Dios y a la conciencia.

 

   Vi una raza luchando con la muerte,

a Europa envuelta en sangre y desgarrada,

más lejos, sin girar, la tierra inerte;

 

   Y aún de mi sueño aquel horrorizada,

me despertó, con peregrina suerte,

de un loco que pasó la carcajada.

 

Revista Contemporánea,  Madrid, ago/sep 1876

 

Arriba

 

Europa

 

   Cuna sangrienta del linaje humano,

el Asia le mandó sus escuadrones,

y formaron sus múltiples naciones

unidos con el bárbaro africano.

 

   Pasan los siglos, su poder insano

extiende por doquier cien mil legiones,

y se cubre la tierra de pasiones

nacidas a su influjo soberano.

 

   Teniéndose por madre de la ciencia,

rebusca con delirio las verdades,

proclama como Dios la inteligencia,

 

   y envuelta en vanidad de vanidades,

dominan al presente su existencia,

guerras, materialismo y liviandades.

 

     Revista Contemporánea, Madrid, oct/nov 1876

Arriba

 

Al siglo XIX

  

   Naciste ante la luz de las edades

entre ruinas de tronos confundido

y empezaste a vivir, estremecido

de orgullo, ambición y de maldades.

 

   El ancho campo de la ciencia invades

y de fantasmas por do quier seguido

acometes a Dios, que al fin, caído,

lo envuelves en groseras liviandades.

 

   Al tumulto que mueven tus pasiones

brilla del genio la indomable gloria,

el oro ¡nada más! ven tus legiones;

 

   en tu carro se anida la discordia

y al estruendo infernal de tus cañones

se escriben los anales de tu historia.

   

Revista Contemporánea, Madrid, oct-nov 1876

La Unión Democrática, Alicante, 27-11-1883

Justicia Social, Mahón, 13-7-1935

 

Arriba

 

La fraternidad

 

   Virgen de los alcázares del cielo,

quiso fijar su imagen en el mundo

y descendió del piélago profundo

entre auroras de paz y de consuelo.

 

   Llega al planeta, que en dormido vuelo

giraba en los espacios, ya fecundo,

y después de luchar breve segundo,

logra extender su égida sobre el suelo.

 

   En dobles pliegues, de la nieve hermana,

la mira el hombre, su fulgor le enoja;

haciendo alarde de su fuerza vana,

 

   logra manchar  Caín la primer hoja,

fija el camino a la flaqueza humana

y de blanca que fue la han vuelto roja.

 

     Revista Contemporánea, Madrid, ene-feb 1877

 

Arriba

 

Tamberlick

 

   Quiso bajar del cielo la armonía,

y al llegar a la tierra cual señora,

como don de su mano encantadora,

le otorgó al ruiseñor la melodía.

 

   Tu corazón artista lo sabía

y su perdido bien el ave llora,

en tanto que tu voz nos avalora

aquel presente que la diosa hacía.

 

   La fortuna, que al hombre siempre es ruda,

dominada por ti, tornose en bella:

la Europa te escuchó, de asombro muda.

 

   Y hoy, que aqueste rincón tu planta huella,

mi acento como a genio te saluda,

rindiendo culto a tu gloriosa estrella.

 

Zaragoza, julio 1879

 

     Crónica de la Música, Madrid, año II, nº 47, 14-8-1879

 

Arriba

 

 

A Echegaray

 

   Como el cóndor en la región serena

del cielo extiende su brillante pluma,

así tu genio, de potencia suma,

sus alas abre y el espacio llena.

 

   A tu esfuerzo se rompe la cadena

que une los años, y entre densa bruma

la innovación del arte se consuma

y un nuevo sol alumbra nuestra escena.

 

   Al frente de los Dioses del acaso

inclinada a tus pies la poesía.

junto a un abismo asegurando el paso,

 

   y al fulgor de tu luz muriendo el día

así alzarán estatuas a tu gloria

en los futuros siglos de la historia.

 

1881

 

      

La Iberia, Madrid, 26-4-1881

 

Arriba

 

A Calderón

 

   Pasan los siglos, pasan las edades

a hundirse entre las sombras del olvido;

polvo queda no más de lo que han sido

populosas y espléndidas ciudades.

 

   Pueblos, naciones, razas, sociedades,

en un lejano ayer desconocido,

al peso de los tiempos han perdido

lo mismo su virtud que sus maldades

 

   Todo sucumbe, todo se renueva

al titánico impulso de la vida;

el genio solo a lo inmortal se eleva;

 

   España, con tu nombre engrandecida,

tu fama eterna por los mundos lleva

sobre doscientos años esculpida.

 

    1881

                 

 

Álbum calderoniano. Homenaje que rinden los escritores portugueses y españoles al esclarecido poeta don Pedro Calderón de la Barca... Madrid: Gaspar Editores, 1881, p. 41

La Ilustración Española y Americana, 22-5-1881

El Constitucional, Alicante, 30-8-1881

 

 

Arriba

 

[A mi padre]

 

   Piedra que serás polvo deleznable

pues todo al paso de los años muere.

Mi pensamiento en su amargura quiere

fundirse en lo que guardas implacable.

 

   Alcanza en lo infinito y no le es dable

darse a la muerte si el dolor le hiere,

que el pensamiento en su amargura adquiere

una fuerza vital imponderable.

 

   En los abismos de la muerte hundido

está mi padre, luz del alma mía, 

y aún más allá del polvo y del olvido; 

 

   más allá de mi noche eterna y fría

concibo su recuerdo bendecido

y la esperanza de encontrarle un día.

 

 

El Liberal, Madrid, 5-3-1883 (1)

Patricio Adúriz: «Rosario Acuña (II)» El Comercio, Gijón, 23-2-1969

Luciano Castañón: «Aportación a la biografía de Rosario de Acuña», BIDEA  Nº 117, 1986

 


 

(1) El redactor de El Liberal, tras recordar cariñosamente la figura de Felipe de Acuña, tuvo a bien incluir el siguiente párrafo introductoria: «La distinguida poetisa, autora del drama Rienzi, doña Rosario Acuña, es hija, todos lo saben, de aquel estimable funcionario público, y al amor de padre unía mi buen amigo una grande admiración por el talento de la escritora… La poetisa y la hija han rendido un tribuno de dolor a su memoria. Doña Rosario Acuña ha hecho esculpir este soneto sobre la piedra del sepulcro de su padre»

 

 

Arriba

 

 

[¡Igualdad! ¡Casta virgen...]

 

   ¡Igualdad! ¡Casta virgen que aparece

revestida de mágicos fulgores,

y que ofrece a los hombres sus amores

mientras el alma en la ilusión se mece!

 

   Su vaga forma ante la vista crece,

les invita a luchar por sus favores,

y apenas se proclaman vencedores,

cuando al irla a tocar, desaparece

 

   ¡De Libertad y de Justicia hermana,

su imperio tiene en la mansión divina

y allí la encuentra la razón humana

 

   cuando al destino de su fin camina,

que en este mundo de flaqueza vana

no se la ve jamás, se la adivina!

 

1880

 Asta Regia, Jerez de la Frontera, 16-4-1883

 

Arriba

 

En la escalera de mi casa

 

   Sube sin vacilar, si bajas llega

adonde todo se le ofrezca llano,

que solamente el ignorante o vano

altura o fondo con empeño niega;

 

   alma o conciencia depravada o ciega

podrá dudar del fin del ser humano

y de que arriba existe un soberano

que en los abismos su poder despliega.

 

   No reposes jamás, que entendimiento

tienes, mortal, y en él está la ciencia,

sube o baja sin dudas ni lamentos:

 

   que es una escala eterna la existencia

por donde sube al cielo el pensamiento

para bajar a hundirse la conciencia.

 

 

El Imparcial, Madrid, 21-4-1884

La Ilustración de la Mujer, Barcelona, 1-5-1884 (1)

 


(1) Leído por la autora en la velada poética que protagonizó el 20 de abril de 1884 en el Ateneo de Madrid. [Nota de la redacción]

 

 

Arriba

 

Lo objetivo

 

¿Fuera de mí?... ¿Qué ciencia que es aquesta

y en qué regiones su poder extiende?

¿quién es el atrevido que pretende

sumar el mundo y convertirse en resta?

  

   Todo el mundo do quier se manifiesta

en lo íntimo del ser su fuerza prende

que jamás el cóndor los aires hiende

sin ala firme y a volar dispuesta.

 

 Sin Mi nada se aprecia, lo objetivo,

horizonte del sitio en que me veo,

vive en las impresiones que recibo,

 

abarca el Universo cuando creo,

y su valor se torna en positivo

cuando llega a tasarlo mi deseo.

 

La Ilustración de la Mujer, Barcelona, 8-8-1884

 


Leído por ella en la velada poética del 20 de abril de 1884 celebrada en el Ateneo de Madrid. [Nota de la redacción]

 

 

Arriba

 

El fin de un año

 

   ¡Ya se ha muerto!, en los abismos del olvido

lo sepultó el rodar de nuestra esfera:

¡polvo queda no más, sombra ligera

de todo aquello que en la tierra ha sido!

 

   El tiempo se lo lleva confundido

con mil años y mil ¡quién lo dijera!

tan solo el hombre en su soberbia espera

que llegará a contar los que han huido.

 

   ¡Un año que ha pasado!, hacerle cargo

por ser largo, o ser breve, en bien aleve,

¡quién le pudo llamar feliz o amargo!

 

   ¡Quién a medirle por compás se atreve!

para el que halló la juventud fue largo,

para el que vio la ancianidad fue breve.

        

Las Dominicales del Libre Pensamiento, Madrid, 18-1-1885

 

 

Arriba

 

La ignorancia

 

   Hija bastarda del orgullo necio

tiene por fe y por Dios su propia vida

y marcha con los vicios confundida

creyendo admiración lo que es desprecio;

 

   sin la conciencia de su bajo precio

do encuentra discusión al punto anida

y de galas apenas revestida

quiere ser juez para captarse aprecio.

 

   Busca en la envidia cariñosa hermana

y se anima al tenerla en su presencia

de ruin se cambia entonces en villana,

 

   y procurando ahogar la inteligencia

es, en los siglos de la historia humana,

corona de martirio de la ciencia.

 

                              

Las Dominicales del Libre Pensamiento, Madrid, 8-2-1885

La Juventud Literaria, Murcia, 12-8-1900

                         El Guadalate, Jerez de la Frontera, 4-3-1902

Cultura y Tolerancia, Béjar, 20-4-1912

La Iberia, Ciudad Rodrigo, 7-3-1914

La Unión Democrática, Alicante, 30-12-1916

 

Arriba

 

[Naturaleza. ¡Oh madre, reina y diosa...]

 

   Naturaleza. ¡Oh madre, reina y diosa

de nuestra vida! En éxtasis te adoro,

que no hay para el mortal mejor tesoro

cual gozar tu belleza esplendorosa.

 

   La antorcha de tu día, que rebosa

de su núcleo de fuego en hebras de oro;

los astros de tu noche; el dulce coro

de tus aves; tu mar tempestuosa.

 

   Tus florestas; tus brisas perfumadas;

tus volcanes; tus cumbres de granito,

por las nieves eternas coronadas...

 

   ¡Oh, cuántas hermosuras! ¡Quién, precito,

renegará de ti! Tus alboradas

son cánticos al Dios de lo infinito.

 

                              

Los Dos Mundos, Madrid, 18-3-1885

 

Arriba

 

 

A la memoria de Víctor Hugo

La herencia del genio

 

   Entre olas de placeres y dolores,

luchando siempre, sobre el mundo avanza

la humanidad, siguiendo a la esperanza,

astro que irradia ardientes resplandores;

 

   cantan sus muchedumbres mil primores,

y cuando piensa que lo eterno alcanza,

se inclina de la muerte la balanza

y se hunden en la sombra sus amores.

 

   Pasa, cual humo, al fin desaparece,

y en el silencio de la noche rueda:

en tanto el alma de los genios crece,

 

   de un siglo entero el pensamiento hereda,

en estelas de fuego se estremece,

y al fin en lo inmortal luciendo queda.

 

Las Dominicales del Libre Pensamiento, Madrid, 28-5-1885

 

 

Arriba

 

A la memoria de la Srta. Dª Manuela Gómez Sevilla

Muerta a los 19 años

 

 ¡Juventud! Sol purísimo del cielo

que irradias sobre el mundo tus fulgores,

nido hermoso que forman los amores

sobre este abrupto y peligroso suelo:

 

 contigo va la fe; de noble anhelo

llenas el alma, borras sus dolores;

haces brotar de los abrojos flores

y de las mismas penas el consuelo.

 

 ¿Y he de cantarte muerta? ¡Qué amargura!

¡Qué escarnio tan horrible de la suerte

abandonar tu plácida hermosura

 

 en el abismo horrendo de la muerte! 

No hay dolor más cruel, se me figura,

¡Oh juventud! que en el sepulcro verte.

                

La Unión Democrática, Alicante, 27-2-1886

 

 

Arriba

 

A Leopoldo Cano

 

   Desciende de los cielos el nublado

y el monte, en sus cimientos se estremece;

del huracán la violencia crece,

y el roble secular muere tronchado,

 

   vibra el rayo con surco nacarado,

y en su huella el incendio resplandece:

se desborda el torrente y aparece

el rico valle, en charca transformado.

 

   No hay grandeza ninguna que consiga

resistir a un impulso omnipotente:

tu palabra de genio, que fustiga,

 

   es nublado, huracán, rayo y torrente,

y a nuestra torpe sociedad obliga

a hundir en polvo la soberbia frente.

        

 

Las Dominicales del Libre Pensamiento, Madrid, 19-2-1887

La Unión Democrática, Alicante, 22-2-1887

 


Nota. Leopoldo Cano fue militar y dramaturgo de ideología liberal.  Rosario de Acuña realizó una crítica laudatoria de su obra Trata de blancos

 

 

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Los apóstatas del pueblo

 

   Nacieron entre restos de impudicia,

o ejemplos de alcoholismo y de miseria;

no brillando en su noche de laceria

otro rastro de luz que la codicia:

 

   bajo este impulso de virtud ficticia

buscan del pueblo la sublime arteria

–¡Libertad! –dicen con palabra seria,

Y pretenden guiar la gran milicia.

 

   Bajo su aspecto de héroes, centellea

su raza vil, y su ambición impura.

Que triunfen una vez, y como sea

 

   de modo que vislumbren una hartura,

¡cuán fácilmente cambiarán de idea

tornando contra el pueblo su bravura!

 

 1888

                        

Las Dominicales del Libre Pensamiento, 13-5-1888

 

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El ruiseñor

 

   Así que mayo engalanó sus días

con estrofas de amor y auras de rosa,

se escucha en la enramada silenciosa

un canto de brillantes armonías.

 

   Desde el valle tranquilo, a las umbrías

del agrio monte, extiéndese la hermosa

voz del cantor, que vibra poderosa

engarzando un sinfín de melodías.

 

   De pronto cállase: tosca algarada

de un hato de gorriones que ha caído

piando con soberbia descarada

 

   donde él pensaba entrelazar su nido

le han hecho enmudecer: ¡vieja tonada…!

¡El genio canta para ser oído!

 

1888

                            

Las Dominicales del Libre Pensamiento, 13-5-1888

 

 

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Los envidiosillos

 

   La envidia, en sus negruras repugnantes,

tiene también su mérito, y su alteza,

y lleva un sello de inmortal grandeza

cuando alienta en el pecho de gigantes.

 

   ¡Quién sabe si el Quijote de Cervantes

fue una sonrisa amarga de tristeza

al ver rendida su genial cabeza

entre tantas de imbéciles triunfantes!

 

   Esa envidia del genio, que ennoblece,

no es la vuestra ¡malvada camarilla

del odio ruin, que achica y envilece!

 

   vosotros sois, cual perro de tralla,

que a la vista del látigo enmudece

y ante indefensa res soberbio chilla.

 1888

 

 

Las Dominicales del Libre Pensamiento, Madrid,13-5-1888

                         El Guadalate, Jerez de la Frontera, 30-4-1902

 

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Mayo de 1888

 

   (La Poesía) –«¡Adiós!» –¿Te vas? –«Lo dicen»

–Un murmullo escuché, mas no adivino

–Dicen que ha terminado mi destino;

me dan para el viaje, y me bendicen.

 

   –¿Y quién te arroja así? –Los que predicen

que estorbaré al progreso en su camino;

gente de fama… de conciencia… y tino;

¡nadie duda de aquello que analicen!

 

   (El Pueblo airado) –¡Ven, que harto vejada

has sido en esa cumbre esplendorosa!

¡Tu palacio será nuestra morada

 

   y alegre, o triste, sabia, o caprichosa,

acudiremos siempre a tu llamada

cayendo juntos en la misma fosa!

                        

Las Dominicales del Libre Pensamiento, 13-5-1888

 

 

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El nido rico y el pobre

(Soneto escrito con lema y pies forzados)

 

   Uno está en una cesta; el otro asoma

su contorno de juncos y de grama,

por entre unos festones de retama

que la pared con sus durezas doma.

 

   Los dos nidos ostentan su paloma

una es torcaz; doméstica se llama

la del cesto, las dos sienten la llama

del amor… del materno, no el de Roma.

 

   La noche llega; el palomar cerrado,

ofrece asilo de quietud repuesto,

y en tanto el búho se revuelve airado

 

   contra el otro nidal a su odio expuesto.

Viene la luz, y, el mundo descuidado,

contempla solo un nido ¡es el del cesto!

 

1888

 

                  

Las Dominicales del Libre Pensamiento, 13-5-1888

 

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La conciencia

 

   Mirada hacia los hondos pensamientos

que arroja, en nuestra vida, la memoria:

buril de hierro que nos traza historia

del hecho, entre la risa y los lamentos.

 

   La sombra del ayer: rotos fragmentos

de la propia existencia, expiatoria

condena del error, que tiene a gloria

purificar el alma en sus tormentos.

 

   Existe, alienta, se la ve y se duda

de su poder, al contemplar impune

la infamia ruin y la vileza ruda.

 

   ¿Triunfará el que la niega y la desune,

o es la conciencia un algo que no muda

y eterna como Dios, con Dios nos une?

 

                                                                  1888

 

Las Dominicales del Libre Pensamiento, Madrid, 13-5-1888

La Unión Democrática, Alicante, 30-10-1915

 

 

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[Al general Villacampa]

 

   Grito de libertad que alzose airado

desde el alma del pueblo enardecido;

grito de libertad que fue vendido

y por brutales fuerzas acallado.

 

   En el valiente pecho del honrado

que defenderlo quiso, fue escondido

y cuando ya de España estaba ido,

le repitió al morir el desgraciado

 

   Mucho y grande quedó de tal jornada.

La villana traición aborrecida

la fe en la libertad más arraigada.

 

   ¡Y una mujer heroica y bendecida,

que a su débil llorar abandonada,

salvoles a los mártires la vida!

 

1891

 

La Época, Madrid, 29-9-1891

 


Notas. El soneto estaba dedicado a la hija de Manuel Villacampa, general que protagonizó la  sublevación republicana que tuvo lugar en Madrid en septiembre de 1886.

Acerca del año en que fue escrito el soneto tomamos por buena la reseña publicada por La Alambra (Revista granadina de Artes y Letras) en junio de 1912, donde se dice que su autora lo escribió en el año 1891, el mismo año en que fue publicado en La Época.

 

 

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Un sueño de Satanás

 

   Durmiose Satanás, ansiando goces

forjó en su mente ensueño deleitoso

viose de nuevo arcángel venturoso

y oyó su voz entre celestes voces.

 

   «Gracias, Señor, por fin me reconoces

hijo tuyo, por fin seré dichoso»

–le dijo a Dios– «Espera, vanidoso»

–le contestó el Señor– «No te alboroces»

 

   «¿Odias» –«No; ya del odio me he curado

y de los siete vicios capitales»

«¿Te curaste también del egoísmo?»

 

   «Él es mi vida» –dijo el condenado.

«¡Pues huye de las huestes celestiales,

vuelve a rodar al infernal abismo!»

                

El Mortero, Madrid, nº 71, enero 1896

 

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El beato

 

   Por dentro, de los pies a la cabeza,

es la soberbia de rencor henchida; 

por fuera lleva un método de vida

impregnado de cándida pureza.

 

   Piensa en el mal mientras ferviente reza;

no hace merced y el beneficio olvida;

le acompaña a la iglesia la querida

y reconoce un amo: la riqueza.

 

Peca, compra indulgencia vergonzosa

y santamente la conciencia acalla;

con hábil artimaña de raposa

 

  a ningún apetito pone valla,

y, a pesar de su vida fervorosa

llamando «padre» a Dios, lo hace canalla.

                

La Justicia, Madrid, 6-1-1896

 

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Grandeza y poder

 

   ¡El coloso del bosque!, ¡brava pieza!

–le dijo al leñador el caminante–

Al verle tan erguido y tan gigante

¡qué bien que se comprende su grandeza!

 

   –Otros como él, y de mayor alteza,

derribó mi poder perseverante,

y aun este mismo que tenéis delante

a conmoverse por su tronco empieza.

 

   –¿Y cómo así, con tan audaz denuedo,

a predecir te atreves su destino?

Al mirarle y mirarte absorto quedo.

 

   –Si detenéis, señor, vuestro camino

veréis al fin que derribarlo puedo

dándole hachazos con mañoso tino.

 

Heraldo de Murcia, Murcia,  24-1-1899

 

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La calumnia

 

 Unas veces es suave y delicada

en puntos suspensivos diluida;

otras veces es bárbara homicida

que atraviesa el honor como una espada.

 

 Para abrigarse busca, la taimada,

el calor de la envidia, que es su vida,

y desde allí, con lengua envilecida,

procura herir a la existencia honrada.

 

 Nace de los rufianes endiosados

y a impúdicos y a necios alboroza;

medra en el corazón de los malvados,

 

 se recoge del vicio entre la broza

y sobre estos cobardes enlodados

el genio se levanta y la destroza.

 

Heraldo de Zamora, 30-5-1899

El Papa-Moscas, Burgos, 4-6-1899

El Liberal, Menorca, 28-6-1899

La Lucha, Gerona, 25-2-1900

La Opinión, Santa Cruz de Tenerife, 31-1-1906

 

                        

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La primavera

 

  Tenue brisa se cierne entre las flores

robándolas perfume en su corola;

cantan en la enramada, agreste y sola, 

trémulos de placer los ruiseñores.

 

  Irradia el sol espléndidos colores;

su rojo manto extiende la amapola;

el mar con tonos de oro se arrebola

y la selva se llena de rumores.

 

  ¡Ya viene! Por el monte y la cañada

se oyen cantares de pasión henchidos.

¿Quién no la adora? Vedla coronada

 

  de perlas de rocío y mariposas...

Viene prendiendo en la floresta nidos,

dando besos de amor y abriendo rosas.

 

                

Heraldo de Murcia, Murcia, 4-8-1899 [1]

La Juventud Literaria, Murcia, 10-9-1899 [1]

Regina de Lamo (ed): Rosario de Acuña en la escuela. Madrid [1933], pág. 141 [1]

 


[1] Aparecen publicados los cuatro sonetos bajo el título Las estaciones. En Heraldo de Murcia, se señala que los textos son inéditos. En Rosario de Acuña en la escuela, editado por Regina de Lamo en 1933, aparece como parte de la composición titulada Las cuatro estaciones.

 

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El verano

 

  El cielo azul con límite brumoso;

la mies en ondas de oro cimbreada;

el crepúsculo unido a la alborada;

el mar tranquilo; el monte silencioso:

 

  en el otero, fresco y oloroso

se oye piar de clueca y de pollada;

rumor de vuelo y sones de cascada:

zumbar de insecto, arrullo cadencioso.

 

  ¡Ya llega! Con su cetro nacarado

toca la tierra y surgen sus tributos.

¿Cómo no amarle? Vedle coronado

 

  con destellos del sol enrojecidos...

Viene, entre aromas, sazonando frutos.

llenando trojes y poblando nidos.

 

                

Heraldo de Murcia, Murcia, 4-8-1899 [1]

La Juventud Literaria, Murcia, 10-9-1899 [1]

Regina de Lamo (ed): Rosario de Acuña en la escuela, Madrid [1933],pág. 142 [1]

 

 


[1] Aparecen publicados los cuatro sonetos bajo el título Las estaciones. En Heraldo de Murcia, se señala que los textos son inéditos. En Rosario de Acuña en la escuela, editado por Regina de Lamo en 1933, aparece como parte de la composición titulada Las cuatro estaciones.

 

Arriba

 

El otoño

 

   Templa su fuego el sol bajo el nublado

las nubes rompen sus tupidos velos

y desciende la lluvia, y arroyuelos

de límpido cristal recoge el prado;

 

   pájaro amante, insecto enamorado,

sienten la última vez ardientes celos;

marchan la golondrina y los polluelos;

se adorna el bosque con matiz dorado.

 

   ¡Ya está aquí! El mar levanta las espumas

y acres perfumes a la tierra envía,

¿Quién no le ama? Entre rosadas brumas

 

   coronado de mirtos y laureles

viene dando a las vides  ambrosía,

vertiendo frutos, regalando mieles.

 

Heraldo de Murcia, Murcia, 4-8-1899 [1]

La Juventud Literaria, Murcia, 10-9-1899 [1]

El Heraldo Granadino, Granada, 21-9-1900

La Verdad, Tortosa, 24-10-1900

Regina de Lamo (ed): Rosario de Acuña en la escuela, Madrid [1933], p. 143[1]

 

 


[1] Aparecen publicados los cuatro sonetos bajo el título Las estaciones. En Heraldo de Murcia, se señala que los textos son inéditos. En Rosario de Acuña en la escuela, editado por Regina de Lamo en 1933, aparece como parte de la composición titulada Las cuatro estaciones.

 

Arriba

 

El invierno

 

  Denso celaje los espacios cruza;

en las cañadas los torrentes crecen;

la fiera, el bruto, el ave se guarecen;

helada nieve el cierzo desmenuza;

 

  el mar rugientes olas entrecruza;

hojas, insecto y flor desaparecen;

los troncos y las rocas se enmohecen,

y la ventisca el monte encaperuza.

 

  ¡Vedle llegar! Con vívidos fulgores

bordan los astros su nocturno cielo.

¿Quién no le quiere? Henchido de vigores,

 

  por la nieve su frente encanecida,

viene cuajando brotes bajo el hielo,

prestando savias, concentrando vida.

 

                    

Heraldo de Murcia, Murcia, 4-8-1899 [1]

La Juventud Literaria, Murcia, 10-9-1899 [1]

Regina de Lamo (ed): Rosario de Acuña en la escuela, Madrid [1933], pág. 141 [1]

 


[1] Aparecen publicados los cuatro sonetos bajo el título Las estaciones. En Heraldo de Murcia, se señala que los textos son inéditos. En Rosario de Acuña en la escuela, editado por Regina de Lamo en 1933, aparece como parte de la composición titulada Las cuatro estaciones.

 

Arriba

 

Al siglo XIX

 

   Huye, siglo, a esconderte en las edades

que contarán el salvajismo humano;

en ciencia, industria y artes soberano,

también fuiste gigante en crueldades.

 

   Nacido entre rabiosas libertades,

de la razón te apellidaste hermano,

y al fin mueres en lecho de tirano

hidrópico de vicios y maldades.

 

   Huye al pasado; ¡siglo maldecido!

tu claridad es luz de sepultura;

si una brisa de amor meció tu nido

 

   la sangre humana orló tu vestidura,

y te dejas al hombre sumergido

¡en el fangal del odio y la amargura.

 

Octubre, 1900

 

Heraldo de París, 4-11-1900

 

 

Arriba

 

España a fines de siglo (1)

 

   Muchas plazas de toros donde chilla

muchedumbre de brutos sanguinarios,

juventud de maricas o sectarios;

infancia que en pedreas acribilla.

 

   Taifa que vive bien de lo que pilla;

los que mandan, legión de rutinarios;

turba de jesuitas y falsarios

que envuelta en oro deslumbrante brilla.

 

   La envidia en trono; el ocio a sus anchuras;

tribus de prostitutas y de ratas;

hambre, ignorancia, piojos, salvajismo;

 

   fango en las cumbres, cieno en las honduras;

muchos frailes, mendigos y beatas…

¡Así camina España hacia el abismo!

 

Noviembre, 1900

 

Heraldo de París, 8-12-1900

El Motín, Madrid,  4-5-1901

Vida socialista, Madrid, 3-3-1912

Igualada Radical, Igualada, 14-4-1912

La Bandera Federal, Madrid, 18-4-1912

Justicia Social, Menorca, 13-7-1935


(1) Con este título fue publicado en Heraldo de París; en El Motín lo hará con «España a principios de siglo» y  en Vida Socialista e Igualada Radical aparece  titulado «España en el siglo XX».

Arriba

 

 

Las cumbres

 

   Se sube y quedan valles y cañadas

en rincón apacible y escondido;

se deja, abajo, la quietud del nido,

se busca, arriba, abismos y emboscadas;

 

   al fin de penosísimas jornadas

se llega, si el cansancio no ha vencido,

a ventisquero por el sol bruñido;

a rocas por el rayo quebrantadas.

 

   También las almas de pasión henchidas,

ascienden, en jornadas, a las cumbres

del oro, del saber o de la gloria;

 

   muchas por el cansancio son vencidas;

las que llegan ¡qué horribles pesadumbres

tienen que compartir con la victoria!

 

El Cantábrico, Santander, 6 -11-1901

 

Arriba

 

Los seudo-sabios

 

   Parásitos de sabios verdaderos

pululan cual langosta de la ciencia,

y a fuerza de aguzar la inteligencia

suelen lograr prestigios y dineros.

 

   Como aprenden oficios de embusteros

no tropiezan jamás con la conciencia,

y el alto don del genio que es paciencia

lo cambian en sofismas traicioneros.

 

   Se le conoce al punto en la tiesura,

en su afán de hacer casta de escogidos,

en su total carencia de ternura

 

   hacia todos los débiles y hundidos,

y en la tranquila y sin igual frescura

con que ejecutan actos de bandidos.

 

El Cantábrico, Santander,  13-1-1902

 

Arriba

 

 

La beata

 

   Por dentro sin piedad, como la hiena,

ni un destello de amor su pecho tiene;

por fuera, ¡con qué maña se previene

para lograr la estimación ajena!

 

   Miel derraman sus labios mientras, llena

de odio y de envidia pérfida, se aviene

a toda acción villana, si conviene

con las horas del triduo o la novena.

 

  Donde quiera que exista, hiere o mata;

la ignorancia en su mente forma nido;

lleva siempre los vicios de reata,

 

   y el corazón por la soberbia henchido.

¡Dios! ¿Qué Dios, es el Dios de la beata,

tan rezado y nombrado y tan… vendido?

 

 

La Dinamita, Béjar,  19-7-1903

La Unión Republicana, Ibiza, 30-7-1903

 

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Triste destino

 

   Llega la vida a la vejez, cansada

de un ayer solitario y aterido,

y ante el recuerdo del dolor sufrido,

se anubla con el llanto la mirada;

 

   el presente es llanura desolada,

y el porvenir la muerte y el olvido...

¡Cuan dura y triste la jornada ha sido

de soledad y pena acompañada!

 

   Ebria de vicios, de odio y vanidades,

pasa feliz la imbécil muchedumbre

mirando siempre, como bestia, al suelo;

 

   ¡y camina, a través de las edades,

sufriendo del dolor la pesadumbre,

alma que adora la virtud y el cielo!

 

Heraldo de Gerona,  27-9-1906

La Iberia, Ciudad Rodrigo,  17-8-1907

 

 

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A mi madre

DOLORES VILLANUEVA, VIUDA DE ACUÑA, AQUÍ YACENTE DESDE 1905

 

   Ya estoy contigo, madre; nuestras vidas

caminaron por sendas diferentes,

llegando, al fin, cansadas y dolientes,

a dormir en la muerte, confundidas.

 

   Por filial y materno amor unidas,

queden en paz eterna nuestras mentes

cual dos opuestas ramas o corrientes

de un solo tronco o manantial nacidas.

 

   ¡No despertemos nunca, madre amada!

¡Mas si al mandato del poder divino

el yo consciente surge de la nada,

 

   uniendo tu destino a mi destino,

llévame entre tus manos enlazada

y sigamos las dos igual camino!

 

Rosario de Acuña

Muerta en 19..

                                    

 

El Motín, Madrid, 12-5-1923

El Socialista, Madrid, 14-5-1923

La Prensa, Santa Cruz de Tenerife, 22-5-1923

La Unión Ilustrada, Madrid, 17-6-1923

Patricio Adúriz: «Doña Rosario. III», El Comercio, Gijón, 2-3-1969

Luciano Castañón; «Aportación a la biografía de Rosario de Acuña», Boletín del Instituto de Estudios Asturianos, Oviedo, 1986, p.153

 

 

Nota. El destino de este soneto, según la voluntad expresada por la escritora en su testamento, era la tumba de su madre, de ahí el encabezamiento y la firma. Un año después de su muerte, Carlos de Lamo da cumplida cuenta al deseo de quien fuera su compañera durante tantos años y se traslada a Santander con una piedra sepulcral de mármol italiano, en la que han quedado cincelados los catorce versos en los que doña Rosario saluda a su madre en su reencuentro. (Véase el siguiente comentario: 103. La recuperada tumba de Dolores Villanueva)

 

 

 

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La muerte

 

   ¿Es dormir sin ensueños y en la hundida

fosa quedar en eternal reposo?

O ¿es despertar del sueño pavoroso

que el hombre llama, en sus delirios, vida?

 

   La obra del alma ¿quedará perdida,

deshecha, en el abismo tenebroso?

O ¿tendrá su empezar esplendoroso

cuando sintamos la postrera herida?

 

   ¡Qué importa lo que fuere! Si es el sueño

sin ensueño, el no ser, dormir sin tasa…

¡Es posible lograr mayor ventura!

 

   Y si es el despertar del triste ensueño

del vivir terrenal, que al alma abrasa…

¡Hay dicha más gloriosa y más segura!

 1908

 

Paz de Borbón y otras: Antología. Madrid: 1929 (Imp. de Sordomudos), p. 22

 

 

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El arroyuelo

 

 De oculto manantial humilde brotas,

y, apenas sales de la agreste umbría,

eres cristal donde se mira el día,

son destellos del Sol tus limpias gotas.

 

 Bajas por la cañada y la alborotas

con murmullos de plácida alegría,

y mueres en la verde pradería

que se fecunda con tus linfas rotas.

 

 Das de beber a la cansada abeja

y nutres las campestres florecillas,

y en tí se baña el ruiseñor celoso.

 

 ¡Dichoso el ser que tu vivir refleja

y llega, de la muerte, a las orillas,

humilde, puro, alegre y generoso.

                      

Asturias, La Habana, 29-4-1917

 


Nota. Regina de Lamo lo incluye en Rosario de Acuña en la escuela con la siguiente datación : «Montes Cántabros, 1908»

 

 

Arriba

 

Melancolía

 

Cuando nacemos lloramos

y lloramos al morir

y en las horas del vivir

¡cuánto dolor apuramos!

 

Buscando dichas andamos

y ni al pensar, ni al sentir,

hacemos más que sufrir,

vayamos donde vayamos.

 

Si no hay más que esta jornada

¡cuán amargo es nuestro sino!

Si el fin y el seré son nada

 

¡que misión tan desolada

ir por abrupto camino,

sin salida y sin llegada.

  

1909

 

El Publicador, Gijón, 26-9-1909


Nota.- Según cuenta el diario el soneto es «inédito»

 

 

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A los 60 años

 

   Ya se acerca el momento, van las horas

hundiéndose en las manos del destino

y quedan, de la vida en el camino,

una feliz y mil desoladoras.

 

   Al ver cómo se acaban, ¿por qué lloras?

desgraciado mortal, ¡si es el destino

que sienta terminar el peregrino

jornadas de dolor abrumadoras!

 

   ¡Hurra por la vejez, alzad el vaso!

ella buena y piadosa nos advierte

que estamos cerca del seguro puerto,

 

   Para la eterna paz no hay más que un paso…

¡Mensajera divina de la muerte!

¡Nido del alma a lo inmortal abierto!

 

1909

                                                                                          

El Noroeste, Gijón, 26-9-1909

 

 

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A la memoria de mi perro Tom

 

   ¡Leal amigo del alma! ¡Cuán hermoso

bajo el amparo de un hogar creciste!

En los trece años que, a mi lado, fuiste

¡cuán noble, fiel, valiente y cariñoso!

 

   ¡Jamás te olvidaré! ¡Siempre animoso

por montañas y costas me seguiste!

¡Cuántas veces de apoyo me serviste!

¡Cuántas fuiste guardián de mi reposo!

 

   Sin hablar, nuestras almas se entendieron;

bastábanos cruzar una mirada

y, al mirarme llorar, también lloraste

 

   ¡Cuando al morir tus ojos no me vieron,

presintiendo mi voz acongojada,

me buscaste la mano y expiraste!

 

                                                                                          

Calendario para 1911. Madrid: R. Velasco Impresor,1911, pp. 16-17

 


Nota. Acerca del fiel animal al cual está dedicado, el soneto iba acompañado de una nota aclaratoria  cuyo contenido se puede leer en el siguiente comentario: 148. Poeta de calendario

 

 

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¡Por saturación...!

 

   Detrás de cada moza, un capuchino;

dentro de cada casa, en la cocina,

una hermanita o dos de la Doctrina

y haciéndose el carbón benedictino.

 

   Infiltrada en lo humano y lo divino

del jesuita la moral indigna,

y, aun para hacer buñuelos o cecina,

bendiciones de obispo o de agustino.

 

   Bien saturada la nación de neos,

y hallando ¡hasta en la sopa! la cogulla,

forzosamente empezará el descuaje...

 

   ¡Y qué podrán hacer los fariseos

gobernantes que meten tanta bulla,

cuando el pueblo acogote y pinche y raje!...

 

Rosario de Acuña y Villanueva

Nacida en Madrid en 1850

 

 

Acción Socialista, Madrid, 31-10-1915

 

Arriba

 

Las brisas

 

 En los astures montes espaciadas,

entre las cumbres níveas y rocosas,

se extienden praderías aromosas,

de cristalinas fuentes esmaltadas.

 

 Del rebeco y del oso bien amadas,

y del sol y las nieblas amorosas,

son joyas de esmeraldas primorosas

que coronan las selvas y cañadas.

 

 El invierno las cambia en ventisqueros,

mas, al llegar la tibia primavera,

alzan su choza en ellas sus pastores.

 

 y vacas, yeguas, cabras y corderos

poblando en piaras la feraz pradera,

dan al monte matices y rumores.

 

Asturias, La Habana, 1-4-1917

 

Arriba

 

Al Sol

 

Apenas surges por el albo oriente

se reviste la tierra de primores,

y armonías, y aromas, y colores

esparce el beso de tu luz ardiente.

 

Das a los cielos su zafiro riente

le das brisas al mar, al campo flores,

y engendrador de vidas y de amores

eres un padre-rey omnipotente.

 

Envuelve al alma en olas de pureza

y con tu luz renazca a eterno día

de paz y amor en mundo más hermoso

 

defiéndela del odio y la tristeza

y encuentre al ir por tu celeste día

su destino inmortal libre y glorioso.

 

 

Asturias, La Habana, 6-5-1917

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El símbolo de las Galias

 

En plácido contento fastuoso,

este gallo gentil y cantarino

se recreaba en el solar latino,

retador, pero noble y dadivoso.

 

Un traidor alcotán, bruto, envidioso,

le desgarra su rostro purpurino,

y, por breves instantes, el Destino

lo inclina hacia el Abismo tenebroso…

 

Mas tuvo firme el pie: gana terreno;

el reto acepta; sin curar su herida,

esgrime el espolón, lucha sereno,

 

y el pico en alto y con la cresta erguida

sobre el muerto alcotán, de sangre lleno,

canta glorioso el triunfo de su vida…

 

Los Aliados, Madrid, 16-11-1918

Renovación, Barco de Ávila, 5-12-1918

 

Arriba

 

A los legionarios españoles en la guerra europea

 

¿No habrá laureles en la patria mía

para echarlos al paso de esta tropa

que fue a verter su sangre por Europa

ungiéndonos de honor con su hidalguía?

 

Por ella, por su heroica valentía,

podremos rechazar la amarga copa

que gentes de corona, sable y hopa,

nos brindan siempre llena y a porfía.

 

¡Quedan vivos sus muertos, y radiosos;

por la luz de la Raza y de la Historia,

que tuvo España, en siglos más gloriosos!

 

¡Guarden las puras almas su memoria

venerando a estos hombres generosos

que hoy fulguran al sol de la victoria!

 

ROSARIO DE ACUÑA Y VILLANUEVA

nacida en Madrid en 1850

 

Los Aliados, Madrid, 30-11-1918

 


Nota. Iba precedido del siguiente texto: «Año 1918. Agustín Heredia, soldado de esta legión, mi ahijado de guerra, muerto en campaña: ¡duerme en gloriosa paz tu descanso, y que no retorne tu espíritu, si ha de volver, hasta que la Patria sea digna de ti, que supiste morir en su honor!»

 

 

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A Nakens

 

Ya somos viejos, Nakens, nuestras vidas

pronto terminarán lo que emprendieron;

para sí mismas poco consiguieron,

y pienso que no fueron muy lúcidas.

 

  Si han de volver de nuevo a ser vividas

supongo nada harán de lo que hicieron,

que, si bien derechas siempre fueron,

sus labores salieron bien torcidas.

 

  Sin frailes y sin monjas estuvimos

la mitad del vivir… ¡Por nuestra cuita

entre legiones de ellos nos morimos!

 

  ¡Si vivir otra ve se nos invita,

para poder lograr lo que quisimos,

fraile debe usted ser, yo carmelita.

                                 

Gijón, 1919

El Motín, Madrid, 9-3-1919 (1)

                         Renovación, Barco de Ávila, 23-3-1919

 


(1) En el mismo número se incluye otro soneto titulado «A Rosario de Acuña» escrito, a modo de contestación, por José Nakens.

 

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A Gijón

 

  ¡Gijón! ¡Gijón! El mar en oleadas

vierte en ti su infinita poesía,

y el sol primaveral bello te envía

sus caricias fulgentes, nacaradas.

 

  Por doquiera, tus suaves pomaradas

perfuman el ambiente de alegría,

y, doquiera también, la brisa pía

purifica tus calles esmaltadas.

 

  Vaya hoy mi canto a ti con dulce acento

mientras oigo del mar los soberanos

arrullos, y transporte el raudo viento

 

  mi saludo a los nobles asturianos:

¡es la ofrenda de un vivo sentimiento

al pueblo en que naciera Jovellanos!

 

Gijón, primavera de 1919

 

                                                 

El Noroeste, Gijón, 4-5-1924 (1)

                         Patricio Adúriz: «Rosario Acuña. IV», El Comercio, Gijón, 9-3-1969

Luciano Castañón: «Aportación a la biografía de Rosario de Acuña», Boletín del Instituto de Estudios Asturianos, Oviedo, 1986, p. 162 

 

 


(1) Bajo el título figuraba el siguiente texto: «Soneto inédito»

 

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Sombra y luz

 

  Al entrar en la noche de la muerte

aún habrá luz para una noble vida,

porque no puede ser labor perdida

la de una vida dadivosa y fuerte.

 

  Y si ofrece la muerte luz que advierte

y deja a la conciencia esclarecida,

¿por qué ha de ser la muerte tan temida

si es, acaso, morir la mejor suerte?

 

  No es el «ser o no ser» lo más temible,

sino la sombra en el sendero andado,

y si es la luz de amor inextinguible,

 

  a morir o vivir predestinado,

quien hallara la oscuridad terrible

¡será el que viva sin haber amado

 

Gijón, 1920

 

 

El Noroeste, Gijón, 1-7-1923

                         Patricio Adúriz: «Rosario Acuña. II», El Comercio, Gijón, 23-2-1969

 

Arriba

 

Mi última confesión

 

  El día terminó; la noche llega;

he sentido, he pensado y he llorado;

amé y odié, pero jamás ha dado

asilo el alma a la pasión que ciega.

 

  La fe en el porvenir mi ser anega;

constante y rudamente he trabajado;

sufrí el dolor con ánimo esforzado

y sembré mucho, sin hacer la siega.

 

  Gané el descanso en la región ignota

donde reina la paz del sueño inerte;

pero la luz que de la muerte brota

 

  y en ruta eterna sus destellos vierte,

será encendida en estación remota,

¡Tendré otro día al terminar la muerte!

 

Gijón,  1922

 

El Motín, Madrid, 30-6-1923

 


Precedido de la siguiente nota: «Soneto inédito que se ha encontrado al abrir el cofre donde guardaba los originales doña Rosario de Acuña, soneto que no había hecho conocer a nadie.

 

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El lirio silvestre

 

En la orilla del límpido arroyuelo,

sobre el verde tapiz de la pradera

te engendra la risueña primavera

cuando aún la escarcha se transforma en hielo

 

Perfumado y erguido, desde el suelo

presta aroma a la brisa placentera,

y la pintada mariposa espera

libar su cáliz para alzar el vuelo.

 

De transparente y nítida blancura,

o violado, con briznillas rojas,

es la gala y encanto del estío.

 

y es un símbolo eterno de hermosura

al desplegar el manto de sus hojas

esmaltadas con perlas de rocío.

 

 El Noroeste, Gijón, 15-8-1924

 


Dedicado a «Mi buena amiga Ricarda Valenciaga de Bonafoux», fue publicado bajo el epígrafe «Un soneto inédito».

 

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A la ciencia

 

Fuera de ti, el dolor, la incertidumbre,

turban la vida al pensamiento helando,

y el hombre, sobre el mundo caminando,

se rinde ante su inmensa pesadumbre.

 

Sólo tú eres la luz, la única lumbre

que eternas esperanzas vienes dando;

por ti la humana grey se va elevando

de la verdad en la infinita cumbre.

 

Al fulgor de tus grandes luminares,

sobre ancho pedestal de cien emblemas

a la razón coronas en tus lares,

 

y al ceñirla de múltiples diademas,

los ídolos se caen de sus altares...

¡tus leyes se consagran cual supremas

                   

Regina de Lamo (ed): Rosario de Acuña en la escuela. Madrid [1933], pág. 68

 

 

Arriba

 

Gusanos

 

  Al firme escollo subo con pie leve;

llego a su cumbre y siéntome en la roca;

el mar de blanca espuma la revoca, 

mas su duro cimiento no se mueve.

 

  Un gusano se arrastra en marcha aleve,

y en las aristas del granito aboca;

esparce crecha en todo cuanto toca

y entre las grietas a morder se atreve.

 

  ¡Se tornará el escollo todo arena,

a voluntad del viento y la resaca,

que a este fin el gusano le condena!

 

  ¡De igual destino nuestro ser no se escapa, 

aunque esté el alma de firmezas llena,

cuando el gusano del rencor la ataca!

 

Regina de Lamo (ed): Rosario de Acuña en la escuela, Madrid, [1933],pág. 92

 

Arriba

 

Mis golondrinas

 

  Tenéis el nido bajo el mismo alero

que cobija la reja de mi alcoba,

y si el triste pensar mi sueño roba,

percibo vuestro sueño placentero.

 

  Vuestro pico, a la aurora, tan parlero

en dulce paz el pensamiento arroba

y un hondo encanto de vivir me innova

con ansias de andar bien por mi sendero.

 

  ¿Y cómo no? ¡Qué esfuerzo y fatiga

os cuesta vuestro pan y vuestro nido

y ¡qué alegres alzáis vuestra cantiga...!

 

  ¡Es que el afán del día habéis cumplido

y esa es la misma ley que a mí me obliga,

y, neciamente por mi mal olvido!

 

 

Regina de Lamo (ed): Rosario de Acuña en la escuela. Madrid [1933], pág. 93

Patricio Adúriz: «Doña Rosario. IV», El Comercio, Gijón, 9-3-1969

                        

Arriba

 

Madre

 

  Tiene esta frase un algo de ese cielo

que se abrirá a las almas sin pecado;

y un algo de ese mundo revelado

a los sublimes mártires del suelo;

 

  esconde tan dulcísimo consuelo

que da arrepentimiento al depravado,

y es el único bien que el desgraciado

tiene para calmar su triste anhelo.

 

  Es clara luz de noche tenebrosa,

símbolo de un amor que no perece,

sostén de nuestra raza desvalida;

 

  y es tan pura, tan suave y tan hermosa

que el hombre al pronunciarla se engrandece,

haciéndose más digno de la vida.

 

Regina de Lamo (ed): Rosario de Acuña en la escuela, Madrid [1933], pág. 166

 

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La solidaridad humana

 

  ¡Cuán áspero el camino del presente!...

Va el espíritu humano hora tras hora,

haciendo la jornada abrumadora,

que ha de llevarlo al porvenir riente.

 

  Queda poco que andar; siga valiente

el alma su labor conquistadora,

que ya comienza la rosada aurora

a iluminar la sudorosa frente.

 

  Del Polo al Ecuador, en caravana,

marchan el humillado y el vencido

con justiciera enseña entre sus manos.

 

  ¡Ya se hizo adulta la conciencia humana,

y el astro del amor gira, encendido,

para unir a los hombres como hermanos!

 

 La Lucha, Orense, 31-10-1931

 

Arriba

 

La visión de la anarquía

 

  Niños en la miseria abandonados;

mujeres siervas; viejos desvalidos,

pordioseros hambrientos y ateridos,

seres de todo bien desheredados.

 

  Obreros al trabajo esclavizados;

legiones de inocentes oprimidos…

Todos los desdichados reunidos

se aprestan a luchar desesperados.

 

  Sobre el mundo del oro que enloquece

ebrio de orgullos y placer maldito,

todos avanzan ya, su furia crece;

 

  brilla en sus manos la incendiaria tea,

venganza piden con rugiente grito

y un resplandor de sangre los rodea.

 

Serge Salaün (ed.): Romancero libertario. París: Ruedo Ibérico 1971, p. 240

Lola Iturbe: La mujer en la lucha social y en la guerra civil de España. México: Editores Mexicanos Unidos, 1974, p. 13

Joan Llarch: Cantos y poemas de la Guerra Civil de España. Barcelona: Producciones Editoriales, 1978, p. 83

Fernando Collado:El teatro bajo las bombas en la Guerra Civil. Madrid: Kaydeda Ediciones, 1989, p. 92

 

 

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¡Asturias!

 

Altas cumbres abruptas, coronadas

por el cendal de inmaculada nieve;

prados cercados de florida sebe;

maizales, viñedos, pomaradas.

 

Tupidísimas selvas intrincadas

donde el sol ni a penetrar se atreve;

regatos limpios de corriente leve

y ríos que descienden en cascadas.

 

¿Quién podrá descifrar tanta belleza

que Asturias toda guarda en sus rincones?

¡Cuando el hombre se libre de locuras

 

y odie al odio, y encauce las pasiones,

podrá vivir la vida de venturas

que ofrece una región con tales dones!

 

 

Patricio Adúriz: «Doña Rosario. IV», El Comercio, Gijón, 9-3-1969

Luciano Castañón, «Aportación a la biografía de Rosario de Acuña», Boletín Instituto de Est. Asturianos, Oviedo, 1986, p. 162

 

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Rosario de Acuña y Villanueva.

Una heterodoxa en la España del Concordato

Rosario de Acuña y Villanueva. Comentarios

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