Rosario de Acuña y Villanueva

Madrid, 1850- Gijón, 1923

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Ecos del alma

 

 

A García Tassara [1]

 

Nacer a la razón sintiendo el alma

al contacto del mundo estremecida;

alzarse a lo infinito, y sin embargo

luchar de frente a frente con la vida;

dar culto a la verdad, desde su origen

buscándola a través de mil delirios,

apurar lentamente los martirios

que el hombre al hombre como hermano ofrece…

Ved aquí el paso sobre el ancho suelo

de un alma donde el genio se estremece…!

 

¡Pasaste ya! el astro de tu vida

hundiose en el ocaso,

la aurora eterna de tu nombre empieza

a iluminar las cumbres del Parnaso…!

¿Dónde fuiste? ¿perdiose tu mirada

sobre el mísero polvo de la tierra?

¡No, que la muerte encierra

una misión más grande que la nada!

Ella rompiendo de la vida el lazo,

levanta el alma a la celeste altura.

¡Qué importa el apurar su desventura

si al rudo golpe de su férreo brazo

desgárrase la humana vestidura!

Libre de ella te ves, libre te sientes,

la región inmortal es tu palacio,

sin límites tu rica inteligencia

hoy domina las ondas del espacio,

hoy, ese porvenir que adivinaste

al poderoso esfuerzo de tu mente,

unido eternamente

y tan sólo en un punto

con el pasado y el mañana junto

a la vista del alma se presenta,

como el rayo primero de la aurora

después de horrible noche de tormenta.

¡Y yo te he de llorar, yo que te veo

con los ojos del alma en lo infinito,

en lastimero grito

he de cantar tu muerte, cuando creo

que el porvenir eterno lleva escrito

en su primera página de gloria

ese momento horrible de combate,

do alcanza el alma su primer victoria!

Exhale el corazón hondo gemido

ante un ser cuya vida

perdiose entre la sombra del olvido;

llore al mirar el mármol de una tumbo

cuyo nombre ignorado

por el tiempo borrado

nunca encontrarse puede

al registrar la historia del pasado;

lágrimas vierta el alma de tristeza,

module el trovador su amargo canto

contemplando del hombre la grandeza

en miserable polvo convertida

al separarse el cuerpo de la vida;

¡Dolor, dolor profundo

mirando un alma que de Dios gemela

se pierde sin dejar ninguna estela

que señale su marcha por el mundo!

¡Pero llorar por ti! nunca mi lira

a profanar se atreva su destino,

tú dejaste en la tierra tu camino

de un resplandor tan grande iluminado,

que las edades sentirán su lumbre

y aún brillará del cielo en la techumbre,

cuando el mundo al abismo haya rodado

del tiempo a la incansable pesadumbre.

¡Sí, que la llama que a los genios guía

la Omnipotencia Eterna la sostiene,

como ese globo que sostiene al día

e irradiando la luz del propio seno

borda el espacio con madejas de oro

y en los orbes derrama

el grandioso raudal de su tesoro…!

¡Genio fuiste! del genio soberano

profético destello,

tu corazón humano

latió al impulso del divino acento,

y el misterioso arcano,

que se llama en los hombres pensamiento,

lanzose a las verdades de la ciencia

llenando con su luz tu inteligencia.

tus cantos ecos son donde se escucha

la gigantesca lucha

de un alma levantada,

que la grandeza de lo grande siente

y la ve sobre el mundo profanada!

¡Cantos sublimes que en el trono excelso,

privilegio de un alma que ha sentido,

cruzando el valle de la vida sola

resonarán eternos,

de la gloria inmortal con su aureola!

Y aquí en la tierra, donde mira el hombre

profanando su nombre

por tanto insulto ruin como se canta,

aquí do siempre la verdad espanta,

mientras vemos los labios de quien brota,

astros del arte tus grandiosos cantos

alumbrarán del tiempo mil edades;

que a través de los siglos

se levantan eternas las verdades!

¡Rasgo trazado por la Excelsa Mano,

tu espíritu de España fue lumbrera,

de los genios del mundo siendo hermano;

que siempre viose a España la primera

entre los héroes del linaje humano!

La eterna vida libre, nombre, patria,

todo se ve fijándose en tu muerte;

la pena de perderte

ahogada siento al contemplar tu gloria.

¡Qué es la vida del hombre

ante la hermosa vida de la historia!

 

¡Yo te saludo, oh genio, cuya esencia

ala patria inmortal tendió su vuelo!

¡Lleguen los ecos que mi voz te envía

alas mansiones fúlgidas del cielo!

¡Lleguen como esas hojas arrancadas

de las corolas mustias y marchitas,

que por el torbellino arrebatadas

se plegan ruborosas

en los cálices frescos de otras rosas.

¡Aspira los perfumes que te envían

ricas flores de espléndida belleza,

y en la pobre canción que mi alma entona

recoge compasivo desde el cielo

la más humilde flor de tu corona!

 


 

[1] El poeta romántico Gabriel García Tassara falleció en Madrid en el mes de febrero de 1875

 

 

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