Rosario de Acuña y Villanueva

Madrid, 1850- Gijón, 1923

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Ecos del alma

 

 

A una golondrina

 

 

Detén de tu vuelo el rápido giro,

hermosa avecilla que marchas de aquí,

escucha  un momento el triste suspiro,

que mi alma doliente eleva hasta ti.

 

Tú vas donde el cielo más puro y brillante

de luz y armonía raudales te da;

mi pobre cantiga te sigue constante:

¡feliz avecilla, quién fuera do va!

 

Allí donde el alma templada se mira

en fuego constante de amor y de fe,

y siempre perfumes do quier se respira

y solo bellezas en torno se ve.

 

Allí donde el aura murmura ligera

y nunca a la rosa tronchó el aquilón;

allí donde siempre amante se espera

la dulce armonía de lenta canción.

 

Allí do se escucha en noche serena

el canto argentino de fiel ruiseñor,

allí donde el alma no siente la pena

y siempre contempla encantos y amor.

 

Allí donde nunca la verde pradera

en manto de nieve envuelta se vio,

ni nube pesada, sombría y rastrera

del limpio horizonte la línea borró.

 

Tu marchas a España y posas tu vuelo

do siempre fulgura espléndido sol;

¡Quién fuera contigo cruzando ese cielo

que tiñe la aurora de rojo arrebol!

 

Escucha el lamento que exhala mi pena,

prendido en tus alas contigo voló;

destino inflexible, cruel me condena,

¡Quién lejos de España con dicha vivió!

 

………………………………….

 

Junto a un claro río, hermoso y sereno,

que nunca olvidaron los hijos de Agar,

que ricas arenas esconde en su seno

y cruza la Betis con lento rodar.

 

Allí en sus orillas tu nido se mece,

lo arrulla la brisa con plácido son;

¡Dichosa avecilla que el viento estremece,

contigo se marcha mi triste canción!

 

Esconde en tu nido los ecos del alma,

que huérfana y triste te mira partir;

tú encuentras un nido, pero ella sin calma

errante en el mundo, tendrá que morir.

 

Adiós, que tu pluma te lleve ligera,

do hermosa es la tierra y espléndido el sol;

el alma te sigue cruzando esa esfera

que tiñe la aurora de rojo arrebol.

 

Adiós, golondrina, en rápido vuelo

te marchas a España buscando tu hogar;

contempla dichosa su límpido cielo,

¡Adiós, y no olvides mi triste cantar!

 

Bayona, 25 julio 1873

 

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