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¡Dichoso el justo!

 

Luchando el hombre en la vida

con las tormentas del alma,

siente al fin el alma herida

y va agotando sin calma

su vida.

 

El inquieto pensamiento

apenas le da memoria

para acordarse un momento

que le arrastrará en escoria

el viento.

 

Que el tiempo pasa no advierte,

le impacienta su rodar,

nunca halla buena su suerte…

y así le viene a encontrar

la muerte

 

Tanto orgullo desmedido,

tanto afán de poseer,

tanto discurso aprendido,

¿dónde fueron a caer…?

¡Al olvido!

 

Dichoso el que mira el día

en las sombras acabar,

y con bendita alegría

se dice: «¡Para volar

menos te falta, alma mía!»

 

 

 


 

Imagen de la portada del libro

 

¿Quién fue Rosario de Acuña?.

 

 

 

Rosario de Acuña. Comentarios

Algunas notas acerca de la vida de esta ilustre librepensadora