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A mi prima R. de A. y R.[1]

 

Flor de perfumando aroma

que vives en la región

do el sol espléndido asoma,

abre tu cáliz y toma

la flor de mi corazón.

 

Ella en forma de cantar

con dulce y triste armonía

osa a tus plantas llegar;

es pobre mi poesía

pero es cuanto puedo dar.

 

Fresca guirnalda de rosas

yo te quisiera tejer,

escojo las más hermosas,

y al írtelas a poner

todas me son enojosas.

 

Que su fragancia y belleza,

su color y su hermosura,

al par que su gentileza

no lucen con donosura

sobre tu rubia cabeza.

 

Marchitas y sin encanto

mueren al besar tu frente,

es el rocío su llanto

que resbala dulcemente

de tu cabello en el manto.

 

Sus gotas yo recogí,

en perlas las trasformé,

y siempre pensando en ti

una diadema formé

prendida con un rubí.

 

Su brillo me deslumbró

entusiasmada yo al verla

te la puse, y no quedó

en su engarce ni una perla

y hasta el rubí se quebró.

 

Pues no hay gala por preciosa

que sea digna de ti,

porque eres tú más hermosa

que las perlas, el rubí

y la perfumada rosa.

 

Madrid, marzo, 1874


[1] Se trata, probablemente, de su prima carnal Rafaela de Acuña y Robles (hija de Antonio de Acuña y Solís y de María de los Dolores Robles y López), quien en la fecha en la cual fue escrito el poema contaba con cinco años de edad,  pues había nacido en Baeza el 24 de diciembre de 1868. 

 

 


 

Imagen de la portada del libro

 

¿Quién fue Rosario de Acuña?.

 

 

 

Rosario de Acuña. Comentarios

Algunas notas acerca de la vida de esta ilustre librepensadora