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A mi prima R. de A. y R.[1]

 

Flor de perfumando aroma

que vives en la región

do el sol espléndido asoma,

abre tu cáliz y toma

la flor de mi corazón.

 

Ella en forma de cantar

con dulce y triste armonía

osa a tus plantas llegar;

es pobre mi poesía

pero es cuanto puedo dar.

 

Fresca guirnalda de rosas

yo te quisiera tejer,

escojo las más hermosas,

y al írtelas a poner

todas me son enojosas.

 

Que su fragancia y belleza,

su color y su hermosura,

al par que su gentileza

no lucen con donosura

sobre tu rubia cabeza.

 

Marchitas y sin encanto

mueren al besar tu frente,

es el rocío su llanto

que resbala dulcemente

de tu cabello en el manto.

 

Sus gotas yo recogí,

en perlas las trasformé,

y siempre pensando en ti

una diadema formé

prendida con un rubí.

 

Su brillo me deslumbró

entusiasmada yo al verla

te la puse, y no quedó

en su engarce ni una perla

y hasta el rubí se quebró.

 

Pues no hay gala por preciosa

que sea digna de ti,

porque eres tú más hermosa

que las perlas, el rubí

y la perfumada rosa.

 

Madrid, marzo, 1874


[1] Se trata, probablemente, de su prima carnal Rosario de Acuña y Robles (hija de Antonio de Acuña y Solís y de María de los Dolores Robles y López, quien en la fecha del poema celebraba su tercer cumpleaños,  pues había nacido en Baeza el 7 de marzo de 1871. 

 

 


 

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¿Quién fue Rosario de Acuña?.

 

 

 

Rosario de Acuña. Comentarios

Algunas notas acerca de la vida de esta ilustre librepensadora