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Por la cultura

 

No hay espectáculo más soberanamente hermoso que ver a los hijos del pueblo ansiosos de ilustrarse, de elevarse, de levantar la frente desde la ergástula de la ignorancia a la serena y amplia región de la sabiduría; porque hay que desengañarse: «La liberación de los trabajadores ha de ser obra de ellos mismos».

¡Cuando se ve qué sumas de energía pierden los hijos del trabajo en las tabernas, en los necios juegos, en las feroces disputas de carácter sexual, en diversiones soeces o sangrientas, el alma desmaya y entristece! ¡Cuando se contempla un centro de cultura donde se aprende a leer, a escribir, a razonar, la inteligencia se estremece de esperanza! Pues en vosotros, solo en vosotros, estriba que el porvenir sea de luz o de sombra.

No es posible ninguna evolución hacia la mayor suma de felicidad sobre mayor número de seres esparcida, sin que en el alma de las masas prenda el fuego de la cultura; y el hombre y la mujer, sin saber leer, sin saber escribir, sin saber contar, sin saber lo que representan las palabras que oye y pronuncia, sin saber dónde vive ni lo que hay más allá de donde vive, es un verdadero animalito, es una unidad de rebaño rumiante, que con la cabeza baja, buscando siempre el pasto, anda sumiso al mandato de los pastores, bien lo lleven estos a dehesas excelentes o bien lo conduzcan a cruentos mataderos.

Rosario de Acuña

 

 

Nota. En relación con el contenido del presente escrito se recomienda la lectura de los siguientes comentarios:

 

Cabecera de una revista de educación editada en los años sesenta del siglo XIX 170. Aprendió a aprender
No tiene sentido elucubrar acerca de la formación que nuestra protagonista hubiera alcanzado de haber seguido el plan de estudios establecido en la Ley de Instrucción Pública de 1857. No sabemos, ciertamente, cómo hubiera sido su educación de no haber sufrido...

 

Gijón, Campo Valdés con la iglesia de San Lorenso al fondo, fotografía publicada en 1930 154. Alpargatas para todos
A poco que el tiempo acompañara, allí se congregaban, en aquella explanada situada ante la iglesia. Los podía ver desde su nueva casa, aquella que se había hecho construir sobre un acantilado, en El Cervigón, al otro lado de la bahía. Estaban en la escuela. Al aire libre. Frente al mar...

 

 

 


 

Para saber más acerca de nuestra protagonista

 

Rosario de Acuña. Comentarios (⇑)
Algunas notas acerca de la vida de esta ilustre librepensadora

 

 

 

Imagen de la portada del libro

 

Rosario de Acuña y Villanueva. Una heterodoxa en la España del Concordato (⇑)