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Vida nueva

 

La especie humana tiembla de dolor y de ira,

ansiando más dulzura y más conocimiento;

con impulso terrible los quiere conquistar,

y en sus ayes de angustia y en sus gritos de rabia,

sin perder la conciencia de sus altos destinos,

presiente vida nueva de razón y de paz.

 

La aurora de esta vida, que tendrá horas de siglos,

ilumina el oriente de la esperanza humana,

deshaciendo el pasado y alzando el porvenir;

el dolor y la ira han de darse al olvido,

y en las ruinas informes de las eras presentes

quedarán enterrados lo brutal y lo vil.

 

Una ley de progreso gobierna nuestro mundo,

sus dogmas son Justicia, Armonía y Verdad

(el corazón la siente y la ve la razón);

se extiende en graduaciones sobre todas las vidas;

si la conciencia humana ha de cumplir sus dogmas

tendrá que levantarse a un plano superior.

 

Y los seres disponen de siglos a millares

para elevar, sobre ellos, su espíritu inmortal,

que habrá de redimirse de torpe insensatez…

¡No hay más Cristo que el Alma, cuya fuerza divina

asciende, heroicamente, sobre penas y errores,

a la sublime cumbre del soberano Bien!

 

Se agrupan las espaldas, las tiaras y los cetros,

los símbolos de fuerzas bestiales y feroces,

que intentan defenderse sobre áureo pedestal;

pero la grey humana no es ya rebaño manso,

es hueste justiciera que ataca su cimiento

para irlas destruyendo con furia de huracán.

 

Mil veces ha surgido un caos semejante;

mas el alma del Hombre es arca de grandezas,

que boga, sin hundirse, hacia el remoto Edén;

y le hallará cumpliendo su labor en la Tierra,

que es dominar la Muerte sublimando la Vida,

acabar con el Odio y el Amor acrecer.

 

En la postrera lucha contra el instinto bestia

alumbrará , radiosa, a las futuras mentes

la luz inextinguible y excelsa del Amor;

y al sol de Vida Nueva, que brillará sin nubes,

el Hombre, sabio y bueno, consciente de sus obras,

transformará la tierra en celestial mansión.

 

Pisemos los abrojos, suframos los dolores,

pero ¡avancemos siempre! Nuestra labor del día

es derribar los antros de un pasado brutal.

¡Al porvenir vayamos, y el porvenir tendremos!

¡Después de las tormentas es más puro el ambiente

y la muerte es un sueño, un dulce descansar!

 

 

 


 

Imagen de la portada del libro

 

¿Quién fue Rosario de Acuña?.

 

 

 

Rosario de Acuña. Comentarios

Algunas notas acerca de la vida de esta ilustre librepensadora