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La gaviota

 

Océano, no tiemblo, no me espantas;

tus olas imponentes

se quiebran espumosas a mis plantas

y los pardos celajes de tu cielo,

de la centella henchidos,

siempre quedan vencidos

por mi gigante y poderoso vuelo;

busco en tus tempestades

la codiciada presa,

cruzo sin descansar tus soledades,

arrostro el huracán y salgo ilesa,

y en el peñón desierto,

por los cielos tan solo conocido,

tengo el tranquilo puerto,

alcázar de mi amor y de mi nido.

 

 

 


 

Imagen de la portada del libro

 

¿Quién fue Rosario de Acuña?.

 

 

 

Rosario de Acuña. Comentarios

Algunas notas acerca de la vida de esta ilustre librepensadora