Rosario de Acuña y Villanueva

Madrid, 1850- Gijón, 1923

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A la memoria de Fortuny

 

 

¡Alcázar de la luz, patria del genio

inmensa eternidad que en pabellones

el porvenir ocultas de la vida

entre la gasa azul de tus festones!

¡Techumbre de los orbes, cielo hermoso

que sin fin ni principio, suspendidos

llevas los mundos de cien mil esferas

a través de inmedibles soledades

sin límites, sin tiempo, sin edades!

¡Cielo donde levantan los humanos

su asombrada y oscura inteligencia,

infinito, inmutable, cuyas astros

hablan de la sublime Omnipotencia!

Gigante el pensamiento

rompe la estrecha valla de la mente

y alzándose vehemente

sobre la débil cárcel de la tierra,

vuela en la etérea llamada tu lumbre

buscando el genio que tu lumbre encierra!

¡Fortuny! ¡ser del mundo y hoy del cielo

incorpóreo destello que dominas

la mísera extensión de nuestro suelo!

¡Espíritu que admiras ese polvo

que cuerpo tuyo se llamaba un día!

¡Genio de luz divina desprendida

que vuelves a la luz de que has nacido!

¿Nos ves? ¿Puedes mirarnos en tu gloria?

El marchito laurel que te ofrecemos

y que el arte levanta a tu memoria,

¿Puedes llegar con sus mundanas galas

donde extiendes las plumas de tus alas?

¿No es verdad que esa luz en que hoy te miras

aureola de fúlgidos destellos

ni el sueño ni la muerte la concibe

donde el alma sujeta al cuerpo vive?

¡Fortuny! desde el trono soberano

que tu alma artista levantó en el cielo,

abarca tu mirada el genio humano

que en triste desconsuelo

lucha por ver alzarse su grandeza

y jamás se levanta

hasta que humilla el mundo su cabeza!

¡Fortuny! los laureles de tu vida

ni uno siquiera logrará igualarse

al brillo deslumbrante que en el mundo

deja tu genio espléndido al alzarse!

Y hoy que aspiras la esencia de lo bello,

hoy que sientes tus sueños realizados

y es tu solo pincel el pensamiento,

tus lienzos los espacios ignorados,

tu palacio el inmenso firmamento

y los soles que alumbran sus llanuras

los que dan el matiz a tus pinturas!

Hoy, si forzosamente te obligara

la patria que te llora, y no te olvida,

a dejar de tu reino la grandeza

por la humana grandeza de la vida,

dijeras a esa Patria conmovida:

«¡Ni una hoja sola del laurel del cielo

puede cambiarse nunca

por cuantas glorias encerrara el suelo!

…………………

…………………

¡Goza la eterna lumbre de tu patria

nunca turbada por oscura nube,

y si el eco lejano de la tierra

hasta el espacio sube,

mira a los seres que en su torno encierra

tejiendo una corona a la memoria.

Algunos con sus lágrimas ardiente

otros en los anales de la historia!

¡Yo, arista en el desierto de la vida,

que no osará jamás alzar el vuelo,

pues lucho entre los cierzos combatida

siguiendo sus corrientes sobre el suelo!

¡Yo atrevida al mirar tu inmensa dicha

y al sentir que jamás morirá el genio,

arranco de mi cítara insonora

una nota que canta al par que llora!

¡Unida a las que España dio a tu nombre

y a las que el mundo artístico te eleva,

ruede en el viento y a tu genio asombre

si el viento hasta tu genio se la lleva!

Y si en esas espléndidas regiones

dignos albergues de la luz divina,

como rastro de fuego que te sigue

ves a mi canto que en redor camina,

torna la luz que te inspiró en la tierra,

ilumina mi oscuro pensamiento

y haz que siempre fijando la mirada

en el azul hermoso firmamento,

no espere nunca celestial ventura

en un valle de llanto y amargura,

que por más que en la tierra

cause asombro profundo

empieza la victoria de la vida

cuando acaba la vida sobre el mundo!

 

Madrid, 11 de diciembre de 1874

La Iberia, Madrid 23-12-1874

 

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