Rosario de Acuña y Villanueva

Madrid, 1850- Gijón, 1923

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Sr. D. José Estrañi

 

Mi estimado amigo: Con el título de «La vida rural» aparece en El Cantábrico, de hoy, lo que sigue:

«Es una pena que no se persiga con éxito feliz a quienes hacen tanto daño a los pobres; aunque sólo se les lleven una pareja de aves. En cambio se ponen en actividad, rápidamente, todas las autoridades cuando se realiza un despojo de mayor consideración, ciertamente, pero que viene en perjuicio de personas a quienes no causa grave trastorno.»

Esto se dice en el artículo, y como en su periódico se anunció y comentó el robo de mi gallinero; como están ofrecidos 10 duros a quienes descubran a los ladrones; como por la circunstancia de que en mi casa jamás se debe un cuarto a nadie, todos los ignorantes campesinos me suponen persona rica a quien no se le hace perjuicio robándola, (y pudiera ser el artículo eco de los campesinos) me doy por aludida, y contesto a ese artículo de redacción, diciendo a quien lo escribió, y a quien usted representa, y diciendo a quienes lo leyeran:

Me han robado 30 aves, entre gallos y gallinas de raza, que al precio medio de 15 pesetas (las había entre ellas que se vendían a 35) son 90 duros, que es la cantidad (según he tenido el honor de explicar al público en mi folleto de Avicultura) que con mi trabajo, gano al año en mi pequeña industria avícola; es decir, me han robado el producto de un año de trabajo asiduo y minucioso, y como yo, a mi vez, no robo ni echando agua a la leche que va al mercado, ni vendiendo huevos podridos, ni verduras pasadas, ni entrando sin pagar artículos de consumo, ni robando cabritos, ni cochinillos, ni conejos, ni palomas, ni gallinas, ni otras ciento y pico de modos y maneras que tienen de robar casi todos esos pobrecitos a quienes le roban dos aves, según el articulista, resulta un desequilibrio enorme de justicia en perjuicio mío, que no robando a nadie soy robada, por lo cual es completamente justo, equitativo, razonable y nobilísimo, que pongan en conmoción a todas las autoridades, y solamente ante la imposibilidad de coger a los ladrones (pues no parece sino que cuentan en cada casa y cada mercado con un encubridor), es por lo que no los llevo a presidio, porque quien como yo trabaja honradamente y no roba a nadie y vive con una estrechez rayana en la miseria, si tiene dentro alma capaz de sentir la dignidad, la justicia y la razón, debe poner el grito en el cielo si le roban el fruto de su trabajo. ¿Se entera el articulista, señor Estrañi? Entre las 30 aves robadas han ido dos lotes que preparaba para la Exposición que dicen que habrá este verano, y que se habría puesto a la venta en precio muy bajo, a 25 duros cada lote, de modo que, vaya viendo el articulista el perjuicio que me hizo, y ¿sabe cómo me robaron? pues fueron tres (no pudieron ser menos de tres) y muy enterados y conocedores de todo lo que había en el gallinero, pues como dice el articulista, bien acertado en esto, los ladrones andan entre nosotros. Rompieron dos candados de los llamados de cuadra y viendo que la cerradura que además tenía la puerta no era abrible, treparon por la ventana, la desatrancaron de un cabrío que la apalancaba y ya dentro de la cuadra abrieron una puerta que da a la carretera, y que está enfrente de siete casas, todas habitadas, y cuyos vecinos, casi todos llevan al amanecer productos al mercado, y por allí, con la mayor tranquilidad, sin temer que les vieran sacaron las gallinas, y aún más; de los dos perros que tengo, el que se quedaba fuera está muriéndose, pues está enfermo ya hace un mes; el que se quedaba dentro no avisó porque, sin duda, para él no eran del todo desconocidos.

En el mercado de Santander he comprado en seis pesetas cada una, dos de las gallinas robadas, sin que a pesar de la buena fe que parecen tener los vendedores de aves, se haya podido dar con los que las vendieron…

Vea, pues, con todo lo expuesto, el articulista que está perfectísimamente en razón  y en justicia que no levante mano, y haga lo imposible por descubrir el robo, quien a pesar de no tener piojos, ni deudas, ni hambre, ve perdido el fruto de su trabajo y es persona a quien se la perjudica enormemente robándola noventa duros.

Vea la Sociedad de Avicultores montañeses (que creo está constituida), si quiere que la industria avícola tomo incremento, de cortar este verdadero río de robo de aves que abastece los mercados de la provincia, pues no hay afición avícola que resista la cría de aves para nutrir ladrones, y sin ir más lejos pongo el ejemplo del señor Gutiérrez, digno médico de esta aldea, el cual muy aficionado, me compró una pareja de patos Rouen en 25 pesetas, cuya pareja le fue robada a los ocho días, y desde entonces ha perdido la afición, y, para más detalle, cuando este señor se quejaba con cierta autoridad constituida, de tan escandalosos robos, la autoridad, entre bromas y veras, le contestó que se j…orobaran, porque él no podía estar metido en los gallineros. ¡Triste detalle que pinta el verdadero estado marroquí de España! En cuanto a mí, ya estoy haciendo liquidación de la granja, y cuando allá, muy lejos (no quisiera morir en mi ingrata patria), me hablen de por acá, ya diré yo a donde fueron a parar las virtudes cívicas, tales como la hospitalidad, espíritu de justicia y de razón, y todas las demás cualidades por las que los pueblos y las razas adquieren el derecho de llamarse honrados, y nobles y valientes.

Queda de usted, señor director, su atenta amiga,

Rosario de Acuña

Bezana-Igollo, 17 de abril 1905

 

El Cantábrico, Santander, 18-4- 1905

 

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