Rosario de Acuña y Villanueva

Madrid, 1850- Gijón, 1923

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Señor  director de El Noroeste [1]

 

 

Distinguido amigo: Por el suelto adjunto, publicado hoy en su periódico, me veo amenazada de la insufrible molestia, no exenta de peligro para el piso alto de mi casa, de aguantar las descargas de fusilería junto a las mismas tapias de mi vivienda.

¿No hay otro sitio en estas costas que éste, precisamente, del Cervigón para el tiro al blanco de los militares? ¿Es de necesidad absoluta que sea yo, precisamente, la que sufra esto durante horas y días, aguantando las estridencias del tiroteo casi en las misma orejas? ¿De qué me ha valido buscar un sitio solitario y agreste para morirme en la mayor paz posible , ya que yo no tengo que «acreditar el valor»? ¿No hay más remedio que sufrir –fuera de toda ley y de todo reglamento– los simulacros del exterminio en los hogares en que se huye de la guerra?

En otra ocasión ya se puso en et mismo sitio el ejercicio de tiro, y acudimos a la autoridad, así como los propietarios de los terrenos vecinos, donde se instalaron los blancos; ahora acudiremos también a ver si logramos adquirir el derecho de ser respetados en nuestra tranquilidad, que las leyes del mismo ejército nos garantizan; mas ínterin le ruego, señor director, haga pública mi protesta, de lo que, no puedo menos de calificar de un abuso de la fuerza contra quien no tiene ninguna para defender su sosiego.

Gracias por todo, y queda su atenta s.s.q.b.s.m.

 Rosario de Acuña y Villanueva

 

 

El Noroeste, Gijón, 23-2-1923

 

 


[1] La carta se publica bajo el título «Una protesta justificada» al que precede como antetítulo «El tiro al blanco en el Cervigón».  

 

Rosario de Acuña y Villanueva.

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