Rosario de Acuña y Villanueva

Madrid, 1850- Gijón, 1923

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Sr. director de El Resumen

 

Muy señor mío: En el número 576 de su periódico, correspondiente al 4 de octubre, y al relatar la vista de la causa de Galeote, se lee en el tercer párrafo lo que sigue:

«Ante el problema que hoy ha de someterse al juicio de la sala, hay muchos que miran escamados a sus vecinos de asiento, y sobre todo las señoras que ocupan el segundo diván de la derecha, al ver a su compañera del rincón armarse de lápiz y cuartillas dispuesta a tomar notas.»

Como podrá ver en el mismo calificativo de la del rincón, jamás he procurado hacerme visible; antes bien, me gusta contemplar todos los actos de la comedia humana desde los rincones, por creerme de este modo en mejores condiciones de observación, único medio positivo de llegar a saber algo en todas las sabidurías, fin absoluto y sin solución de continuidad que antes, ahora, y supongo que después, mueve las actividades de mi vida: pero como quiera que el párrafo citado da lugar a otros en que se descubre a través de culto estilo toda la fina ironía del hombre ilustrado cuando trata de la mujer, siquiera no sea ilustrada, sino meramente ambiciosa de ilustración, salgo de mi rincón, y como siempre que se trata del esclarecimiento de un hecho en que la verdad queda desconocida y su desconocimiento puede causar la depreciación de una mayoría, firmo con mi nombre las siguientes líneas, sin temor a colocarme a plena luz, porque es muy importante que una mayoría, la mayoría de las mujeres, recobre su verdadero sitio de seres aptos para pensar, al igual que la mayoría de los hombres, verdad que se encuentra algún tanto combatida en el hecho que motiva estas líneas.

Ahora, particularmente, y para que si es posible se me deje tranquila en el rincón, único sitio de mi agrado en aquella sala (donde por derecho y demostrado tres años de tareas periodísticas podría estar en la tribuna de la prensa), voy a manifestarle las causas que, a más de la expuesta como esencial, me mueven a la anotación del juicio de Galeote.

Precisamente hoy hace cuatro años fundé un certamen científico cuyo tema era designación del límite entre la locura y la razón, y cuyo premio, consistente en mil pesetas se otorgó, según la votación de un jurado compuesto de eminencias científicas, a uno de los peritos que informaron ayer ante el tribunal, el señor Escuder. Este certamen estaba creado: primero, en memoria de una notabilidad médica, el señor Luque, presidente del cuerpo de médicos forenses, su fundador y el único que desde la existencia del cuerpo hasta la fecha poseía verdaderos, sólidos y científicos conocimientos médico-legales. Segundo: estaba fundado con el fin de iniciar un pugilato de conocimientos frenópatas.

Desde hace mucho tiempo figuran en mi biblioteca las obras más especialistas, siempre aumentadas con las que va produciendo la ciencia europea en este género de conocimientos: y desde hace mucho tiempo, con el fin de hacer el estudio comparativo entre el hombre y la mujer, y como uno de los elementos primordiales para testificar mi razón cuando el asunto se trate en límites extensos, he sentado la premisa de averiguar y dilucidar en lo posible la línea divisoria entre la razón y la locura, para que, al empuñar el buril con que he de esculpir los hechos que se relacionan con ambos sexos, no pueda caber duda que mis afirmaciones parten de razón sana. Con estas causas por móviles, fundé el certamen que, a más de servir de honra a la memoria de un sabio, me sirviera a mí para conocer las capacidades frenopáticas que poseía mi patria, y además para aclarar algún punto de la oscura cuestión de la zona médica, que solamente de la investigación brota la verdad, y un concurso de la naturaleza del que cito había de servir de gran estímulo a la investigación.

Ahora bien, el juicio clínico frenopático sobre el desgraciado Galeote es una a modo de continuidad el tema sobre el cual quiero saber lo posible, y por tanto, armada de lápiz y cuartillas, si bien incómoda por no encontrarme ante los pupitres de la prensa, tomo nota de todo lo que puede servir a mis fines, y demostrar con científicas aclaraciones el pavoroso problema de lo que es razón y lo que es locura.

Doy por terminadas estas explicaciones que he creído necesarias a la verdad; no es ésta la sola vez que he de ocuparme del proceso Galeote, según he dicho en un comunicado que el día 3 mandé a El Liberal, y que por cierto aún no he visto inserto; tengo el propósito de escribir extensamente sobre este asunto, uno de los de más trascendencia teológica, metafísica, social y frenopática que podrá verse en lo que resta de siglo.

Queda de Vd. atenta S.S.Q.B.S.M.,

 

Rosario de Acuña

5 de octubre

 

El Resumen, Madrid, 5-10-1886

 

 

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