Rosario de Acuña y Villanueva

Madrid, 1850- Gijón, 1923

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Sr. D. José Nakens

 

Mi buen amigo: Hace unos días recibí la cantidad de mil pesetas que, por disposición del Sr. Hilario Ayuso, sobrino y testamentario de su tío D. Antonio Martín, se me adjudicaron; y aquí D. Ramón Fernández me enteró de que usted había indicado se me otorgase dicho legado por reunir las condiciones para su cumplimiento como escritora anticlerical.

No conocía yo esta institución y quedé sorprendida hasta el punto de creer era una piadosa artimaña de amigos que pudiera tener aquí sabedores de la seminecesidad en que vivo para darme esos cuartos.

Después de enterarme de todo se me impone el deber, muy afectuosa y gustosamente aceptado, de darle a usted las gracias por su mediación y dar cuenta al Sr. Ayuso del empleo que ha tenido ese dinero que, en el primer momento, tuve intención de no aceptar, pero que después acepté pensando que contrariaba la voluntad del donante al rechazar, con un movimiento de mal entendida soberbia, lo que usted, maestro en dignidad y honradez, consideraba de justicia darme.

Vean la cuenta de esas pesetas que, desde luego, pueden considerarse caídas del cielo en mi hogar.

Cincuenta duros de la cantidad han servido para rescatar alhajas empeñadas, que hubiera tenido dolor de corazón al perder, por haber pertenecido a mi abuela y madre.

Treinta y cinco duros para pagar los réditos de la hipoteca que pesa sobre esta casuca como la llamó El Diario de la Marina de la Habana, en un sendo artículo en que se probaba que yo era bruja, que salía todas las noches por el tejado a hacer mal de ojo a los aldeanos, que vivía en una casuca miserable a cuyo alrededor no crecía ni la hierba.[1] Dicho artículo fue repartido profusamente por los caseríos del contorno con la piadosa intención que es de suponer. ¡Como ellos no se atreven todavía a quemarnos quieren que  nos quemen los embrutecidos por ellos!

Sesenta duros para saldar deudas de: judías, tocino, harina de maíz, aceite, patatas, cebollas, algún kilo que otro de carne y leche de la de botes, porque los campesinos no me venden las de vacas. Lista de comestibles que hace ya tiempo viene siendo mi cotidiano menú; pero como yo soy una regular cocinera y no dejo que se me peguen las gachas, ni se socarren las judías, ni se deshagan las patatas, ni se quemen el aceite o las cebollas, resultan suculento festín con el cual hasta la fecha no se pasó hambre.

Diez duros de carbón vegetal que se debían y que es el combustible que gasto en un año, a más de unas cuantas pesetas de jabón para el lavado y otros avíos caseros.

Sobre todo esto pagado, ¡ah! que se me ha quitado de encima y que pesaba como una tonelada, habrá que comprar zapatos, que ya andaban los pies con vergüenza de las zapatillas de invierno.

Total me quedan unos cuarenta duros que, bien administrados, me aseguran tres meses de la alimentación acostumbrada (pues ya sabe usted que cuento con mil pesetas anuales de viudedad) y un año de seguridad en mi casuca sin andar con la ropa al hombro, en sobresalto continuo, porque para mí –hace muchos años- que no hubo en España vivienda segura de las roeduras de beatas y beatos, de los artilugios de los jesuitas y de la “hombría” de los hombres de las izquierdas que ¡vaya si son zurdos en esto de considerar a las mujeres capaces de ser personas!... y a pesar de la “tocata” del feminismo, puesta de moda con música bufa, y que es o un reclamo para tontas o una artimaña católica-apostólica-romana-ibérica para esconder detrás de las faldas de las mujeres las de curas y frailes.

Dígame, después de lo expuesto, si no ha sido llovido del cielo el legado del señor Ayuso, por el que les doy las gracias de todo corazón.

Bien quisiera, amigo Nakens, corresponder a este favor atenta a la intención del donante y a la amistad que de usted he merecido, de alguna manera expresiva… pero la mejor de todas sería escribir a troche y moche contra el lupus clerical que tiene absorbida toda la savia de España… mas, ¡ay! yo ya estoy en capilla. La vejez no se contenta ya con esclerosar los capilares, va invadiendo vasos más importantes; por un milagro del espíritu, que nutre y alienta el átomo más remoto de nuestro organismo, sigo en pie con vigor y ligereza; trabajo cotidianamente en lo que es primordial necesidad de la vida (conservando el bien más preciado, la libertad integral) haciendo comida, lavando ropas y trabajos domésticos, remendando pingos para estar sin la indecencia del jirón. Después de esto, que es necesario de toda necesidad, la energía de la voluntad se agota; tengo que descansar, reponerme para el afán del día inmediato y la mente se aduerme, y, si ensueña o imagina es para ver más allá, muy lejos, al otro lado de la vida, detrás de un dormir sin sobresalto ni sufrimiento la santa y diáfana luz de un existir menos rastrero, menos animalizado, menos inicuo que este de los presentes días.

Y conste que ni por casualidad envidio a los hombres ¡pobrecitos hombres! Luchando afanosamente y echando los bofes, las más de las veces no por necesidades sino por superfluidades cuando no por viciosidades. Si vuelvo a nacer en este planeta elegiré otra vez mujer; somos más capaces de hacernos cargo; somos menos irracionales que los hombres; el orden de nuestra labor es más armónico; parte de lo ínfimo, y en toda ella se esparce una maternidad trascendente que casi, casi puede calificarse de espíritu de la especie. La labor de los hombres toma su punto de partida desde la nuestra y se remonta tanto que a veces, no les consiente llegar sino a estrellarse…

Lo que si haré, si renazco mujer, es hacerme beata del Sagrado Corazón (¡que más da un símbolo que otro!) porque suponiendo que mi sueño de ultra vida dure diez siglos creo que todavía tendrá España la dicha de estar bajo el poder amoroso de la Compañía de Jesús… Y ¡en esto si que se le fue a mi alma el vuelo por los cerros de Úbeda en la presente vida!... porque ¡figúrese usted, amigo Nakens! si yo con mi idiosincrasia de “mirla” desde los diez años –o sea “poeta” que, aunque chirle, para motetes y “gozos” dedicados a monjas y colegiales hubiera servido muy bien-, ¡figúrese qué legados de benefactores católicos, machos y hembras, hubieran caído en esta mi casuca de bruja y qué de pavos trufados y tartas de crema hubiera comido!

Mil gracias a usted y a los albaceas y testamentario del nobilísimo Sr. Martín Ayuso que en esta patria nuestra fue una personalidad verdaderamente excepcional pues supo, antes de morir, alzar la mirada a los altos planos de la razón testificando, con su legado, el conocimiento profundo que tenía de las tristezas y vicisitudes porque tienen que pasar hoy, y durante mucho tiempo, en España los seres que, a solas consigo mismo, viven y mueren en conciencia y en verdad.

De usted y del Sr. Hilario Ayuso amiga reconocidísima,

 

Rosario de Acuña y Villanueva

 

P.S. Por si vale mi indicación. ¿No podría dársele a doña Ángeles López de Ayala, directora del semanario El Gladiador de Barcelona la anualidad próxima de esta fundación? Esta mujer lleva cuarenta años escribiendo en pro del racionalismo y en contra de las supersticiones y los desmanes de esta fanática religiosidad española. Esta señora es muy anciana; de mi edad; enferma del corazón, atada a un trabajo extenuante para ganar un pedazo de pan y ayudada solo por la piedad de leales librepensadores catalanes.

 

El Motín, Madrid, 17-4-1920



[1] Si quiere usted el artículo para reproducirlo y que se vea la TOLERANCIA que se usa, se lo mandaré [nota de la autora]

 

 

Rosario de Acuña y Villanueva.

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