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Señor  don Dalmacio Giraldez

Boracoa (Cuba) (1)  

 

Muy amigo mío:

Desde que recibí el donativo de doscientas cincuenta pesetas que tuvo usted la bondad de remitirme, por conducto del señor Nakens(2), no hubo un día que no tuviese la pluma en la mano para escribirle... Mas siempre me decía: ¿Qué le digo yo, ¡pobre de mí!, que sea capaz de expresar la honda emoción de gratitud, de asombro y a la vez de remordimiento, que todo esto a un tiempo sentía ante su noble acción? El agradecimiento no puede conocerlo bien sin estar enterado minuciosamente de las circunstancias en que vivo, que son realmente más crueles que las de una miseria total. El asombro tampoco puedo expresarlo bien, porque sin dudar nunca de las nobles condiciones humanas, de tal manera, en el presente, el egoísmo ha saltado sobre todas las tendencias bondadosas de la humanidad, que apenas se puede comprender que exista alguien que deje obrar en él la generosidad y el altruismo, siendo acaso el uno por millón de seres capaces de saber apreciar las vicisitudes ajenas; y el remordimiento apenas puedo decirlo, pues estoy profundamente convencida de que yo no soy todo lo acreedora a esta clase de donativos, habiendo tantos seres que viven y mueren en lucha continua centra las fuerzas regresivas humanas, y nadie, nunca les dio ayuda, consuelo o amparo.

En cuanto a los méritos de mi propaganda, yo no hice más que satisfacer una necesidad de mi espíritu.

Todo este estado de confusión de mi ánimo se amontonaba al querer escribirle, y, por encima veía el deseo de usted, de que su acción no se conociese, y esto indica un tan altísimo pudor de inteligencia, que he temido, y temo, que hasta le moleste la manifestación de mi gratitud, porque rasgos como el suyo acusan un espíritu profundo y racional, y el bien, el favor, la ayuda, el amparo o la protección, que ejercen almas tan selectas, suelen no buscar ni querer otra más recompensa que la satisfacción íntima de haberlas realizado.

De todos modos, sepa, que mi voluntad es manifestarle lo más sinceramente posible mi afectuoso reconocimiento y desearle que su corazón y su inteligencia caminen siempre de la mano de la generosidad, virtud exclusiva de las mentes racionales, que hoy yace agobiada por todos los odios, las concupiscencias y les instintos groseros.

Por mediación del señor Nakens le envío la presente, porque deseo que él la lea, aunque le ruego no la publique sin que usted le autorice para ello, y tenga la seguridad de que, acordándome siempre de su noble acción, le queda hondamente agradecida su amiga fiel,

 

 Rosario de Acuña y Villanueva

Gijón, 1º de septiembre de 1920

 

 

Notas

(1)  La carta iba precedida de una nota dirigida «A Rosario de Acuña» con el siguiente contenido:  «No creo que se enfade usted conmigo, mi buena amiga, por contrariar sus deseos, que tratándose de otro asunto fueran órdenes para mí. Publico la carta que usted dirige a don Dalmacio Giraldez, de Baracoa, sin obtener antes su permiso: Publiqué la que él me dirigió desoyendo sus ruegos de que no lo hiciese, por creer que su acción generosa debía ser conocida, y por la misma razón inserto la que usted le dirige demostrándole su agradecimiento. Reconozco y confieso la falta que entonces cometí, pero me arrepiento del modo que usted ve: agravándola ahora con la reincidencia.» Tras el texto de la carta de Rosario de Acuña, José Nakens , concluye con estas palabras: «¡Hermosa carta la suya amiga Rosario! Con esta misma fecha, la pongo en el correo para que el señor Giraldez reciba, al mismo tiempo que este número, ese autógrafo de usted, tan valioso por lo que dice como conmovedor por lo que calla, y para que se convenza de que a mí, que callo tantas cosas, no debe encargárseme que guarde silencio cuando se trata de actos que honran y engrandecen a quien los realiza. Lo malo es-que son pocas las ocasiones que se me presentan para demostrar lo arraigado que tengo el defecto de divulgar todo lo que puede servir de admiración o de ejemplo.»

(2) En la edición de El Motín correspondiente al 3 de julio se inserta la siguiente nota: «Fechada el 15 del mes último en Ribadavia recibí una carta en que don Marcelino Montero me giraba quinientas pesetas por orden de su pariente don Dalmacio Giraldez, residente en Cuba. Cobré el cheque y no toqué  la cantidad hasta enterarme del concepto en que se me enviaba, pues la persona aludida, farmacéutico y suscriptor a El Motín en Baracoa, no debía nada en esta administración. En el último correo de Cuba recibo una carta suya pidiéndome que haga llegar la suma por partes iguales a las señoras doña Rosario de Acuña y doña Ángeles López de Ayala, sin decirles su procedencia. El miércoles 30 cumplí su encargo enviándole directamente a doña Rosario doscientas cincuenta pesetas y, por conducto de Fray Gerundio, otra suma igual a doña Ángeles.  Doy las gracias al señor Giraldez por haberme encargado esta simpática comisión, y le ruego que me perdone por no haber cumplido su deseo en cuanto a la ocultación de su nombre. Las acciones nobles y generosas deben divulgarse aun contra la voluntad del que las realiza, para que los favorecidos puedan escribir su nombre en el libro de la gratitud, cualidad que sólo se alberga hoy en el corazón de los escogidos.

 


 

Imagen de la portada del libro

 

¿Quién fue Rosario de Acuña?.

 

 

 

 

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