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Un redentor de locos

 

Desde luego, se adivina su nombre; no puede ser otro que el doctor Esquerdo; su figura es bíblica: ¡pobres de aquellos que le juzgan como al primero de sus clientes! Podría apostarse a que temen que los clasifique entre sus queridos enfermos.

Todo aquel en cuyo cerebro bulle la idea de la innovación, de lo ignorado, de lo iniciable, debe apresurarse a conocer al ilustre sabio en medio de su pueblo, es decir, en medio de sus locos; allí parece como una abstracción de toda esa balumba monstruosa de pasiones regidas por el convencionalismo más irritante, en el cual se agitan los móviles de esta mal llamada sociedad.


Fragmento del texto publicado en El Liberal

El loco (sintetización de la doctrina de este filósofo racionalista) es un efecto cuya causa son los cuerdos; ¿qué importa que llevando sus conclusiones al límite, es decir, hasta la puridad más absoluta, nos encontremos con la absolución del criminal…? ¿es posible detener a los que asientan las primeras nociones de una verdad innovadora?... ¿no dijo el filósofo del amor, Cristo, que la mejilla debe volverse, sufrido el primer ultraje? Y sin embargo de la puridad anti-humana de su doctrina, no se discuten las verdades de sus palabras. Bien sea juzgada posible o imposible la realización de los ideales de Esquerdo, su teoría es pura, sublime, dimanada de una verdad incuestionable cuyos principios se derivan del amor, o sea, la caridad, y cuyos fines tienden a redimir, única misión anexa esencialmente a los destinos del hombre; él cumple su misión con toda la serena grandeza de un alma poseída del amor a la sabiduría; su bondad es tan sencilla como profundo el conocimiento que tiene de la ciencia frenopática; su voluntad es tan firme e inquebrantable, como la constancia con que realiza su pensamiento.

Su casa de salud es un pueblo, mejor dicho un estado, cuyo rey es el racionalismo; ¡raro contraste! Toda aquella muchedumbre de locos, está regida por la razón: para ellos no hay violencias, contradicciones, brusquedades, ni satíricos ultrajes; diríase, al verlos en amigable consorcio, que es una reunión de verdaderos cuerdos: para ellos no hay más que dulzura, condescendencia, suavidad y una firmeza racional, en cuya tersa superficie se estrellan impotentes las olas de sus extraviadas sensaciones: he aquí porqué ha conseguido Esquerdo redimir al loco; él le da nombre, tratamiento, palabra, libertad y, por último, le da la razón, primer paso que le ofrece para regenerar su pensamiento, y este sabio, esta gran figura de nuestra época, que está tan plagada de fantasmas irrisorios de sabiduría y grandeza, se encuentra solo ante su obra, como estuvo solo Sansón para derribar el templo filisteo; su ciencia ha creado escuela; su fe ha reunido discípulos; su voluntad y su honrado trabajo, ha levantado ese edificio donde se refugian todos los dolores de la pasión, de la herencia o del organismo, y desde cuyas ventanas amplias y siempre abiertas, se contempla un horizonte extenso y un anchuroso cielo: su obra es de gigante, como toda obra de redención.

Nada creemos le puede detener, puesto que por la revelación intelectual está iniciado en parte de la verdad; aunque su camino sea estrecho y sembrado de asperezas; en la cima lo recibirá la historia de la humanidad para dejarle en el lugar de los escogidos; quien sepa respetarse a sí mismo le saludará siempre con la veneración que le merece el sabio.

 

El Liberal, Madrid, 4-6-1883

 

 

 

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¿Quién fue Rosario de Acuña?.

 

 

 

 

Rosario de Acuña. Comentarios
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