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Al lado de los trabajadores

 

 

Una obrera como vosotros

Pocas semanas más tarde  en El Progreso se publica «La jarca de la universidad», un duro artículo en el que arremete contra los agresores de unas universitarias que son agredidas a la salida de sus clases. El texto —sin contemplaciones con la juventud masculina— provoca una inusitada reacción de los estudiantes  (huelgas, asambleas, manifestaciones…). Ante el cariz que toman las cosas doña Rosario decide refugiarse en Portugal para evitar su detención. Dos años después un indulto general la devolverá a su casa de El Cervigón más cansada, más vieja y más pobre, pues en el exilio consumió buena parte de sus ahorros.  

Su situación económica la acerca más aún a los más humildes de sus convecinos. El proceso de acercamiento progresivo a la clase trabajadora, iniciado en tierras cántabras, es ahora, tras su retorno del exilio, mucho más evidente. No es solo por justicia social; no se trata de que su conciencia de mujer criada en la abundancia burguesa necesite aproximarse a los desheredados de la tierra. No; es más bien una cuestión de esperanza. Lejos han quedado aquellos tiempos en que confiaba que la regeneración patria podía venir de la mano de aquellas mujeres ilustradas que, abandonando la enfermiza vida urbana e instaladas en sus nuevas residencias campestres darían a luz a una nueva sociedad ilustrada y racionalista. Su esperanza estaba ahora depositada en la clase trabajadora; anhelaba que los más concienciados pudieran guiar al resto por la senda del progreso. Ahora más que nunca se siente cerca de los desheredados, de los que sufren y padecen, de los que se retuercen ante las iniquidades de la sociedad: «¡Si no es por vosotros, proletarios, esto se acaba, se acaba!».

No es de extrañar, por tanto, que tras varios meses de retiro durante los cuales el olvido se afanó en tapar las ofensas recibidas, tras varios meses de silencio, fuera una publicación socialista la que acogiera sus nuevos escritos. En efecto, a primeros de septiembre de 1915 La Aurora Social, periódico de las Agrupaciones socialistas de Asturias que por entonces dirigía Isidoro Acevedo, un viejo conocido de los tiempos de Santander con quien ya había colaborado, publica un artículo suyo. A partir de ese momento, terminado el periodo de voluntario alejamiento de la pública tribuna, sus escritos aparecerán de forma esporádica en las páginas del semanario socialista editado en Oviedo y, más asiduamente, en las de El Noroeste, portavoz oficioso de los reformistas.

 

La huelga general de 1917

Mantiene su admiración por Melquíades Álvarez y sus propuestas reformistas, pero, según sus propias palabras, es lectora habitual de El Socialista. Es ahí, en lo que por entonces se denomina «las izquierdas» donde parece encontrarse cómoda: cerca de los líderes obreros y de los republicanos reformistas. Es firme partidaria de la confluencia estratégica de las fuerzas de izquierda, y no desaprovecha ocasión para exhortar a la unidad a cuantos luchan por la libertad y la causa proletaria: «¡que honda satisfacción causa verlos unidos, juntos, todos unos, en solidaridad fraternal, bajo la bandera de la libertad, contra la enseña de la tiranía!». Parece sentirse cómoda en ese entorno social y político, tan cómoda que, a pesar de su avanzada edad, no duda en tomar el tren y desplazarse a Madrid para acudir al mitin que en apoyo de los aliados habían organizado los partidos «de izquierda». Allí recibirá el público reconocimiento de los presentes, tras ser saludada desde la tribuna por Roberto Castrovido, uno de los oradores de aquel multitudinario acto.

No será su prosa habitual la que le ocasione nuevos problemas, sino su posicionamiento político. En efecto, será su llamada pública a la unión de las fuerzas «de izquierda» lo que en 1917 parece inquietar especialmente a las autoridades provinciales, recelosas a todo lo que pueda estar relacionado con la convocatoria de una huelga general, de la que no se deja de hablar desde que la UGT y la CNT acordaran coordinar sus actuaciones en un pacto alcanzado en la primavera de ese año. Los informadores de Gobernación conocen que Rosario de Acuña no solo defiende esa unidad en sus escritos de manera reiterada, sino que la refrenda con su asistencia en actos conjuntos de «las izquierdas», como sucediera con el mitin aliadófilo de Madrid al que ya me he referido. Durante el verano el ambiente está muy caldeado, y las autoridades están tan nerviosas que en la madrugada del 24 de julio las fuerzas del orden se presentan en El Cervigón con la orden de efectuar un registro minucioso en la vivienda de la escritora. A pesar de no haber encontrado absolutamente nada tras varias horas de revolver todas sus pertenencias, hay quien sigue recelando de su papel en todo lo relacionado con los preparativos de la huelga, pues el 22 de agosto, cuando en Asturias hace ya nueve días que el paro es general, la Guardia Civil vuelve a su casa para efectuar un nuevo registro.





Nota. En relación con este tema se recomienda la lectura de los siguientes comentarios:


122. Aclamada en un mitin en Turón

Turón. Casa del Pueblo y cuarteles de San Francisco El sábado 21 el salón de la Casa del Pueblo de Turón se hallaba abarrotado de un público deseoso de escuchar las palabras de Virginia González. Del acto da cumplida cuenta El Socialista; también de la inesperada presencia entre los asistentes de una conocida...
 



104. Revolucionaria

Imagen del cuadro La Libertad guiando al pueblo, Eugéne Delacroix (1830) En 1917 Rosario de Acuña estuvo en el punto de mira de los gobernantes. La policía efectuó, de madrugada, dos registros en su vivienda. Los organizadores de la huelga general fueron encarcelados... Represión, dolor. ¿Y no lloraremos por todos estos dolores? ¡Vaya si lloraremos! Pero hay que sobreponerse, dejar el llanto para luego, para más tarde, cuando dejen...
 


102. ¿Qué opina de Pablo Iglesias?

Portada del diario El Pais del lunes 25 de octubre de 1909

A instancias de la revista Acción Socialista, Rosario de Acuña responde: «Me preguntan ustedes cuál es mi opinión respecto a Pablo Iglesias. Pues la de que es uno de los pocos españoles por los cuales no se siente absoluta vergüenza de llamarse español...

 


84. El apoyo de la Agrupación Feminista Socialista

Fragmento del escrito de la Agrupación Feminista  Desde aquel día tuvimos preparados los hatillos para ingresar en la cárcel, pues, pensando lógicamente, suponíamos ir a parar allí, toda vez que, por la ciudad, la traílla policíaca honoraria decía, a voz en cuello, que era preciso, preciso, que yo durmiera en la cárcel. ¡Como si...







 

Rosario de Acuña y Villanueva.

Una heterodoxa en la España del Concordato

 

 

 

Rosario de Acuña. Comentarios

Algunas notas acerca de la vida de esta ilustre librepensadora

 


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